Los Redondos y Horacio Fiebelkorn nacieron en la misma ciudad. Eso no quiere decir nada, o sí, y menos que Fiebelkorn haya declarado alguna vez por ahí que el Indio Solari es un poeta, pero Falso testimonio podría leerse como estos versos de un tema del disco Luzbelito: “Es una de esas noches/ donde a todos nos gusta/ la misma bailarina/ y el mismo lunar”. El ambiente de nocturno humo (aparece el ídolo de los nocturnos mencionado con nombre y apellido, José Asunción Silva), la mina (¿o el mino?) que en este caso no baila pero que gira quizá en una cama, la intimidad de lo roto y lo fisura, la sensación etílica de brumoso sótano y encierro. Todo eso está, falta nomás el pogo.
No hay indicaciones de tiempo ni de espacio, y el poema arranca con un diálogo: “–Me tocarías ya mismo?/ me vas a coger?”. No son personas, no son sujetos, ni siquiera esa categoría que los señores en un claustro o las maestras llaman yo poético, lo único que despliega el poema son voces, y voces que parecen unidas por la distancia, como si hablaran en un eco tardío y resonante. Esta forma rara de escribir las voces le da al poema un aire de sueño, de que las cosas pasan en otro plano de la existencia; el que dice “yo” en el poema parece hablar y escuchar al mismo tiempo, y así, lo íntimo de esa necesaria urgencia amorosa se vuelve teatral. La intimidad, en Falso testimonio, se representa teatralmente, como si Fiebelkorn nos mostrara que lo íntimo es ahora una ilusión. No por nada tampoco este testimonio de un amante, de un amante o dos, no es verdadero desde el título mismo.
Después de lo íntimo, o junto con lo íntimo, está su otra cara, lo público. Aparecen instituciones reconocidas de la ciudad de La Plata como el Museo de Ciencias Naturales, el Bosque y hospitales, muchos hospitales, lo que contrasta con la intimidad. El afuera, como en una época reciente de virus y pandemia, es apocalíptico. Afuera hay “Número de muertos,/ internados, contagiados”, y lo íntimo entonces se asume como una resistencia a la muerte, a la “carne vulnerable” que pasea por hospitales y calles desiertas, e incluso resiste a la tecnología: “–Muero/ por tenerte adentro/ esta noche/ en esta ciudad/ donde vamos a quedar ciegos/ de tanta pantalla”. Esto también recuerda a Los Redondos, a esos primeros discos donde la televisión era una divina TV Führer y el Ojo Idiota que nos devolvía la mirada a cuerpos quietos, sin agencia, sin capacidad para la acción. En esta actualización de Falso testimonio, las pantallas de Fiebelkorn nos distancian, nos aíslan y nos meten el bichito de la incertidumbre.
Acá quería llegar, porque quizá la sensación apocalíptica de una ciudad con muertos y sobrevivientes se juegue en la incertidumbre, en la espera de unión de esos cuerpos (o voces, mejor dicho) que viven en la angustia de la distancia, y que reelaboran el absurdo existencialista de Esperando a Godot de un modo trash y poshumanista, como si este Godot que se espera llegar solo valiera para saciar un deseo y nada más, no hay más que eso, ¿o también hay amor? “Vas a volver a cogerme?/ Volveremos a tocarnos?/ Vamos a quemarnos y/ derramarnos otra vez?”.
La segunda parte de Falso testimonio es otra serie de poemas, “La correntada y el murmullo”, que completa y da un sentido mayor a la primera serie. Dice Fiebelkorn que no escribe libros, que escribe poemas; pero estos poemas en serie se sienten como una unidad que resulta difícil pensar aislada, cada poema es un pedacito del testimonio entero. Si la primera parte instala las voces, la segunda parte pone el lenguaje a funcionar dentro de un sistema de sonidos que extrañan todavía más a esas voces, y agregan tal vez un cuadro: colores saturados, primeros planos como en el cine (“el movimiento leve de los aros”) y cosas que se vuelven más visibles y concretas. En esta segunda parte lo que importa de las voces es “el modo de respirar”.
Horacio Fiebelkorn empezó a publicar poesía en un mundo que ya no existe, en aquellos años 90 dorados para la poesía, y fue uno de los editores de la mítica revista La novia de Tyson, junto con Cucurto y Rodolfo Edwards. Como generación, comparte el espíritu y la forma de entender, como William Carlos Williams y los imaginistas, que la poesía está en los objetos y las cosas. En Falso testimonio lo que se vuelve una cosa es la intimidad.
18 de marzo, 2026

Falso testimonio
Horacio Fiebelkorn
Nebliplateada, 2025
76 págs.