• Cartografías
  • Sobrescritos
  • Pretextos
  • Secciones
  • Volver a inicio

La audición

Abel Gilbert


Juan F. Comperatore


En las postrimerías de una vida que luego sería rubricada con mármol, un Sarmiento enclenque, ya sordo, pálida silueta sin rastros del vigor pasado, escribe. Un cuaderno y una pluma son sus únicos acólitos en la tarea de peinar a contrapelo el tiempo vivido. Y en ese febril ejercicio robado a las horas del sueño y la alucinación, a los achaques del cuerpo y los avatares del olvido, crepitan tanto el recuerdo como la menguada cotidianeidad.

La transcripción de estos apuntes –apócrifos, tan inventados como la ficción de los últimos días del prócer–, junto con las intervenciones de un comentarista que procura dar sentido al material –aunque las más de las veces termina por redoblar la incertidumbre y hasta acaparar el protagonismo–, constituyen los rudimentos de La audición, novela del ensayista y compositor Abel Gilbert.  

Así, entre un presente contrito y los hitos de antaño –digamos, entre la vida consuetudinaria en la pieza de un hotel en Paraguay (en donde también se encuentra Elizabeth, hermana de Nietzsche) y los pormenores de la Triple Alianza–, el arco temporal, cimbreante, agrega capas y capas de circunstancias y minucias, que el comentarista precisa, desestima o propala. En su tirria avinagrada y modales ególatras, la figura de Sarmiento crece o decrece de manera inversamente proporcional a la intervención de este (¿único?) comentarista. Porque con el correr de las páginas se impone la sempiterna cuestión acerca de quién está de detrás de todo esto. No ya el manido “¿quién narra?”, sino, en todo caso, la pregunta sobre quién orquesta el detrás de escena de lo narrado; más aún: algo así como el improbable detrás de escena del narrador.

La audición no transige tutelaje alguno, pero no en vano deja asomar las filigranas del Beckett de Malone muere, el Rodolfo Walsh de “Nota al pie” y, por qué no, el Vladimir Jankélévitch de La música y lo inefable. Y aunque pretenda ser formalmente audaz y resulte a veces confusa, en el mejunje de voces superpuestas –en su puja por ocupar un lugar preponderante y, en definitiva, gobernar la versión de la historia– propone una vía de escape con el propósito que, al contar la duración una existencia, la novela no se deje apresar por sólo una rodaja de vida.

25 de enero, 2024

La audicion. Golosina.jpg La audición
Abel Gilbert
Prólogo de Marcelo Cohen
Golosina, 2023
210 págs.


Compartílo:


Para que sigamos siendo una revista semanal, gratuita y de calidad

Apoyanos

Donar

Trabajos relacionados:

La primera vez que escuché reggae

Sergio Bizzio
CuentoSebastián Maturano

“Yo no creo que escribir sea inventar”, dijo una vez Hebe Uhart para referirse a su idea del arte literario. En principio la frase, tajante por un...

Leer

Misterio y maneras. Prosa ocasional

Flannery O'Connor
EnsayoJuan Maisonnave

Llegó a tener cuarenta pavos reales en su granja. Ellos, excepto cuando iba con los puños llenos de alimento, la ignoraban como si fuera una cosa in...

Leer

Juro que la estepa va conmigo

Laura Klein
PoesíaGustavo Toba

Entre los múltiples efectos que puede generar la lectura, hay uno que parece estar más cerca de la poesía que de la prosa: el desconcierto. ...

Leer

Las garras del niño inútil

Luis Mey
NovelaTomás Villegas

Una vertiente de la prolífica obra de Luis Mey (Bs. As., 1979) puede leerse, dramáticamente, a contrapelo del célebre verso de Rilke, aquel que cel...

Leer

Suscribite para recibir novedades


2018. El diletante, Reseñas, ensayos literarios y entrevistas

  • ¡Seguinos!

Para que sigamos siendo una revista semanal, gratuita y de calidad

Apoyanos


$1000 $2000
$3000 $5000