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Sanmierto

Emilio Jurado Naón


Raúl A. Cuello


¿Qué otro norte puede proponerse un escritor contemporáneo que recuperar una lengua perdida y hacerla suya y de su tiempo? Como si fuese un mandato tácito, Sanmierto de Emilio Jurado Naón (Buenos Aires, 1989), persigue un imposible encabalgamiento de frases en pos de configurar una representación facetada. Porque si hay algo explícito que vuelve implícito su propósito en este experimento de recuperación y reivindicación de la siempre polémica figura de Sarmiento, es su proliferación de recursos sintácticos ("Y pasó a describirme su propuesta, entre eruptivos alaridos por exceso de vida, murmuraciones avergonzadas y circuncisas proclamas"), fonéticos ("lung, lung, lung"), aliteraciones varias ("el vello pubiano, púbico, púdico, purpúreo, punzó"), versificaciones voluntarias ("¿Los ligustros, puedo? ¿Examinar con gusto?") ─e involuntarias─, paronimias ("¡Qué talento! ¡Qué talante tan atento!") y fintas lingüísticas ("sin pabilo no hay lumbre, y sin lumbre: ¡malas costumbres!"), en un ejemplo de ejecución ─¿novela? ¿hagiografía apócrifa? ¿extenso poema? ¿pastiche literario?─ virtuosa.

Se nos hace llegar, por un lado, a un Sarmiento desaforado, libidinoso y obsceno, que sigue el programa de Kant avec Sade lacaniano; en el primero de los episodios, Visita al calabozo, se funden los ideales de la ilustración y el placer de la delectación por las muchachillas que, visitando al maestro, se multiplican sin cesar. Por otro, se nos despliega un ser irascible y suculento, ávido de grandeza y reconocimiento y, sobre todo, en pleno plan de verborrea: "Las naciones pueden ser criminales, pueden ser rufianes, pueden ser drogadictas, matreras, cuatreras, o simplonas; pueden ser sordas, las naciones, bobas, moqueantes o vocingleras; [...] falsometálicas o de cal, cuero, calcio, naciones producto de la quema, rastrojos, [...] pueden ser un dedo grueso o un labio leporino, las naciones pueden ser un pepino." En el apartado Pie de imprenta, por ejemplo, se entrelaza la noción onírica de una tropa que avanza y los problemas propios de un sistema en el que la deglución, incluso la digestión, malfuncionan, hasta tal punto que eso que avanza y eso que no funciona bien del todo deviene figuración de una pieza tipográfica que Sarmiento logra expulsar de sí.

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Ilustración de Juan Carlos Comperatore

Pero si en casi todo Sanmierto vemos desplegarse las herramientas que Jurado Naón tiene a su alcance para escribir una semblanza, es justamente al final, en su Postfacio, donde este ejercicio toma plena subjetividad y se cuestiona así mismo: así el sistema de representación estalla por completo porque el núcleo del disturbio ya no es Sarmiento (o su figura, que Jurado Naón mitologiza y parodia en partes iguales) sino que lo es el mismo escritor. La quinta carta quillotana que el autor de la Constitución firma hace que todo el libro se cierre sobre sí mismo en una suerte de "erizo que se irisa, se eriza, se riza de risa" y que por demás vuelve felices a sus lectores.

5 de febrero, 2020

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Sanmierto
Emilio Jurado Naón
Leteo, 2019
136 págs.


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