En Herramientas/Yiyi, Gonzalo Castro le da voz a Laureana, una mujer de poco menos de cuarenta años. La novela se centra en sus trabajos (es carpintera y profesora de Diseño gráfico en la FADU) y en el vínculo con su pequeña hija. Si Hidrografía doméstica, su primer libro, era el largo monólogo de una solitaria niña de once años, ahora la perspectiva es la de una madre profesional de clase media acomodada. La barra del título debe interpretarse menos como una disyunción que como la unión de los dos elementos que configuran la adultez de la protagonista.
Tres series estructuran el relato: la de la maternidad, la de las clases en la universidad y la del trabajo como carpintera. La mirada de la narradora se detiene en la cotidianidad de estos planos sin que se detallen sobresaltos: Laureana busca a su hija a la escuela y juntas van de vacaciones al mar, interactúa cariñosamente con sus alumnos y los tres albañiles paraguayos que trabajan para ella en la refacción de un techo. Los intercambios con ellos, si bien algo brumosos, no despiertan mayores tensiones.
La narración se edifica sobre verbos en presente del indicativo, haciendo énfasis en cuestiones contemporáneas: son frecuentes las referencias tecnológicas, las alusiones maliciosas al discurso progresista, las muletillas en inglés y los nuevos espacios de gastronomía cool. En una suerte de realismo introspectivo, los capítulos se construyen a partir de percepciones, recuerdos y reflexiones un poco a la marchanta. Hay una notable diferencia rítmica entre las secciones dedicadas a las labores de carpintería y aquellas centradas en la interacción con personajes pertenecientes a su misma clase social. Cuando se refiere a la confección del techo, la prosa se regodea en la descripción del detalle, asumiendo una morosidad un tanto saeriana; los diálogos con los albañiles oscilan entre el aparente cariño mutuo y el reconocimiento de la distancia que los separa. En cambio, cuando la protagonista interactúa con amigos o sus compañeros y alumnos de la FADU el ritmo se vuelve mucho más fluido, con dominancia del discurso directo. En esos momentos, los diálogos adquieren el ingenio artificioso de los viejos guiones de Hollywood: los retruécanos y las referencias más o menos cultas son frecuentes en la complicidad teatral del entre-nos.
Herramientas/Yiyi es una novela de diferencias. Nunca prepotente, la autoridad jerárquica de Laureana está siempre presente: es madre, jefa, profesora. Da directivas, evalúa, es llamada “arquitecta” por albañiles que afirman, sin ironía, “aquí estamos a sus órdenes”. Sin embargo, salvo algún berrinche insignificante de Yiyi, los conflictos están ausentes. En las relaciones laborales, el dinero no ocupa un lugar preponderante y el clima en la obra es de camaradería más que de explotación. La protagonista se refiere a los obreros como “mis amigos paraguayos” y al ofrecerle trabajo como ayudante a un joven dice “no sé cuánto pagarte”, recibiendo como respuesta un desconcertante “vos eso manejalo, para mí trabajar con vos sería un sueño”.
La novela incorpora en boca de sus personajes discursos liberales, convertidos hoy en sentido común para gran parte de la población. Laureana postula la libertad como valor supremo (“Desde mi más tierna infancia con Miguel Hernández sé que ante todo dualismo que incorpore la libertad entre sus pares opositivos, siempre hay que elegirla”), desliza algún comentario suspicaz con respecto a “los litigios con el sindicato” que habría sufrido su padre y le da voz a un profesor universitario que abraza a una tecnofilia que posiblemente lo dejará sin trabajo (“Para mí es fantástico lo que está pasando, aunque me arroje a la obsolescencia.”). Con tono y personajes que parecen celebrar nuestro presente sin atisbos de distanciamiento irónico, Herramientas/Yiyi, exija, quizás pese a sí misma, ser leída en clave política., ser leída en clave política.
25 de febrero, 2026

Herramientas/Yiyi
Gonzalo Castro
Entropía, 2026
208 págs.
Crédito de fotografía: Guillermina Pico.