La última “novela” de Erri De Luca, Las reglas del Mikado (2024), ya anticipaba desde la escritura ficcional algunos temas que, en La edad experimental –publicada en Italia en 2024 y este año en Argentina, con traducción de Carlos Gumpert–, se reelaboran en clave autobiográfica, con la presencia de una voz narrativa que se identifica con la del autor. En estas “páginas inconexas” el pacto de lectura que se nos propone es que escucharemos a Erri De Luca hablar, entre otras cuestiones, de cómo mantener la mente y el cuerpo activos cuando se pasan los setenta años y los cambios vitales que provoca el paso del tiempo, tópicos que atravesaban los parlamentos del viejo relojero de Las reglas del Mikado.
Para sus lectores conspicuos, esto no es una novedad porque, por ejemplo, El más y el menos (2023) o Napátrida (2023) también fueron compuestos como ejercicios de memoria que recuperan y buscan otorgarle un sentido a su pasado: la infancia en Nápoles, la temprana partida de su hogar a los dieciocho años, sus trabajos terrestres, su formación como escritor. Sí lo es, en cambio, que este texto se focalice en su presente, en su hoy, y que incluya a la “musa de los diseñadores más famosos del mundo”, Inès de la Fressange, como coautora de La edad experimental.
Porque, como comprobará el lector, esta supuesta escritura a cuatro manos consiste, en verdad, en la dispersa inclusión de unos pocos textos epistolares de la modelo francesa que, desde la explícita admiración o estableciendo endebles paralelos con sus propias vivencias, comentan los pasajes narrativos y reflexivos escritos por Erri De Luca. Sin conocer cómo se pergeñó este matrimonio literario, es difícil comprender si la participación de Inès de la Fressange tiene una misteriosa razón editorial, o si se trata de un pedido o condición del escritor napolitano, un tributo a la amistad o, como pretende esclarecer el “Preámbulo”: para aportar “la perspectiva femenina como contrapunto a mi indagación de principiante sobre la senilidad”. También por el “Preámbulo” sabremos que el libro amplía el guion del documental homónimo (L'età sperimentale), dirigido por Mario Zingarelli. Las artísticas imágenes incluidas en el volumen –tanto de la naturaleza como los retratos de Erri en diversas locaciones– proceden de este filme.
Sin imponerse un método, sin ajustarse al rigor de la sucesión cronológica, librado al azar, “como surgen los recuerdos”, Erri De Luca despliega en estas páginas su prosa lírica, elusiva y de frases sentenciosas, que la clásica numeración por capítulos ordena como gentileza con el lector, para auscultar su presente en la vejez, volviendo de a momentos a visitar su pasado. De esta manera regresan, fragmentarios, episodios ya conocidos de su autobiografía –que trabajó como albañil, como camionero, que brindó ayuda humanitaria en la guerra de los Balcanes; su militancia en Lotta Continua; su pasión por las lenguas, por los otros idiomas que aprendió y las traducciones que realizó del Antiguo Testamento– y su forma de estar en el mundo en esos otros tiempos, que se ofrecen como elementos de comparación con las sensaciones, los hallazgos y las experiencias que le ofrece esta nueva edad experimental. Entre ellos, la relación con los placeres, la definición de la elegancia, el significado de la libertad y el vínculo que mantiene con los que ya no están, con los muertos. De esos contrastes surge un compendio de saberes que se enuncian poéticamente: “Hoy es la edad de las preguntas caídas, sin signos de interrogación al final de los días”, “A esta edad entiendo a los viejos que acogen una criatura en su casa, perro, loro, pez, canario, gato. Suele decirse que es para que le hagan compañía. En cambio, es para ver de cerca cómo es la vida, suficiente, experta de sí misma, desconocida” y “La vejez encierra vastedades desconocidas para las edades precedentes”.
A pesar de que, según sostiene la crítica, el (propio) cuerpo es el gran ausente en las autobiografías escritas por varones, De Luca dedica varios párrafos a mencionar las rutinas diarias de ejercicios que cumple para seguir escalando y describe la atenta relación que mantiene con su cuerpo que ha envejecido. Al sumar sus partes, en una mirada de conjunto, el libro adopta la forma de una sosegada exploración de la vejez narrada por un protagonista ávido de encontrarle “beneficios”.
Es posible que La edad experimental sea un libro generacional, en el que Erri De Luca le habla a sus pares, a quienes comprenden por experiencia propia las transformaciones que operan –en el cuerpo, en la mente, en el espíritu– en los hombres y mujeres que han pasado los setenta. Para los demás, quizás, estas páginas adquirirán su pleno sentido en dos o tres lejanas décadas. O no.
1 de julio, 2026

La edad experimental
Erri De Luca / Inès de la Fressange
Traducción de Carlos Gumpert
Seix Barral, 2026
152 págs.
Crédito de fotografía: Sol Avena.