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Moto

Luna Corvalán


Leonardo Berneri


En la Introducción a los Diarios de Pizarnik, Ana Becciu afirma que “el diario es el lugar de aprendizaje y de trabajo. Sirve para aprender a escribir y crearse los medios literarios para su devenir lenguaje”. En sí, la idea no representa mayores complejidades: el diario sería algo así como la promesa de una escritura. Pero ¿qué es lo que pasa cuando la promesa se vuelve posibilidad, cuando la escritura (de lo) posible tiene una búsqueda literaria propia? MOTO. Cuaderno de un año sobre ruedas, escrito por Leonardo Berneri y editado por Casagrande Editorial en el año 2022, es la figuración de esa búsqueda, de ese aprendizaje, que, en términos de su autor, configura la escritura posible.

La escritura de un diario o cuaderno está estrechamente relacionada con la búsqueda de una prosa, con esa ambición de apropiarse (de hacerse propio) un lenguaje particular que permita nombrar el mundo desde una perspectiva única, estricta, singular. El ejercicio descansa sobre la voluntad de volver la vida un objeto de reconstrucción, un cuerpo que esconde detalles, frases incorrectas, impresiones sin encanto que, a veces, consiguen expresar mejor y con más frescura que si hubieran seguido las reglas de la lengua común. En principio, MOTO. Cuaderno de un año sobre ruedas se presenta como una paraescritura, como una escritura que, en oposición a lo que el diarista llama “Escritura Real”, es una escritura menor, que acompaña. La pregunta es: acompaña a qué, ¿a esa otra escritura o hay algo más? La cuestión es que, sin proponérselo, o siquiera medirlo, MOTO. Cuaderno de un año sobre ruedas logra alcanzar con una prosa cuidada, prolija y cautivante el andar de un motociclista que va desde San Lorenzo a Rosario como si toda una vida se pudiera vivir andando. Las sucesivas entradas en forma de bitácora dan cuenta de la experiencia que supone el ir y venir de una ciudad a la otra: viajar cansa. Entonces, se escribe.

Sin embargo, como siempre pasa, la vida (¿la vida? ¿la escritura de la vida?) se termina imponiendo y comienzan a aparecer entradas que no responden a la lógica del viaje: “Hoy fui en moto a Rosario”. Aparecen los desvíos, así dice el autor. Y, entonces, en ese extravío de la forma, encontramos los verdaderos dones, aquello que realmente estábamos esperando: la moto del padre, la herencia diagonal del tío, el amor y la compañía de Romina, la comunión de la militancia. Berneri encuentra, sin buscarlo, o al menos eso pareciera, el registro de las pequeñas hazañas, la sensación de cotidianidad que se enfrenta, paradójicamente, una y otra vez al tener que construir el tono de lo nimio, ese humor que recorre todo el texto. La vida se impone, lo hemos dicho, pero la apuesta de MOTO es esquivarla. Casi como una declaración de principios, el diarista nos dice: “Por más que inventemos miles de razonamientos teóricos y ensayemos todas las torsiones para convencernos de que la escritura y la vida están inevitablemente ligadas, de que no hay un hiato entre la literatura y la vida, en los momentos en que esta última se intensifica, la primera no puede sino suspenderse”.

Frente a los vaivenes, las inconsistencias, los aciertos, incluso, Berneri decide no escribir. Pero precisamente es ahí donde asoman las digresiones, los recuerdos, ¿la ficción? “¿Cómo le decían a papá en esa época? Ahora es el flaco pero para entonces, y hasta que murió, el flaco era mi tío. ¿O les decían el flaco a los dos?”. Los recuerdos aparecen como la retórica de lo involuntario, como lo que irrumpe inevitablemente. La potencia de los recuerdos y su motivación a contarlos es suficiente para pensar las experiencias íntimas que los atraviesan. Ese es el hallazgo de MOTO, donde el proceso de la vida contándose es lo que mueve el relato y a su vez lo que le otorga otra existencia a eso que se recuerda.

El viaje asume los desafíos de la literatura. Ahí cuando se está por entrar en la vida, es el momento de detener el ingreso y, claro, poder ensayarlo. Para dar vida a cualquier mensaje, es necesario someterse a la ley del lenguaje, para comunicar con exactitud lo que se quiere decir, es preciso responder a los caprichos de la literatura. La escritura de MOTO. Cuaderno de un año sobre ruedas no es más que otra de las facetas de una búsqueda más total, en la que hay un compromiso mucho mayor, una entrega mucho más explícita: la necesidad de (a)notar un modo de concebir el mundo.

17 de mayo, 2023

Motoo.jpg MOTO. Cuaderno de un año sobre ruedas
Leonardo Berneri
Casagrande Editorial, 2022
130 págs.


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