El libro de Eduardo Muslip, con tapa de un rosa hechizante, tiene en el centro de lo escrito la tensión de lo aurático y lo común, lo repetible, lo único, lo concreto y lo inaprensible, lo cercano y la lejanía: “¿Tenía el Petit Larousse algo de sagrado?” se pregunta el escritor recordando el lugar que ocupaba el diccionario en su casa de la infancia. Y luego: “diccionario físico, la palabra físico toma lugar como el cuerpo de un hombre hermoso. Abrazar un diccionario, oler un diccionario”. Si es cierto que la controversia entre acercar y alejar, entre lo sagrado y lo referencial es una condición propia del signo, también se suma aquí que, más que en otras combinaciones discursivas, es en el ensayo como género donde el momento de pasaje entre un concepto o una definición y su entrada en un sistema de relaciones construido artificialmente por el ensayista; el modo en el que un objeto o un concepto adquiere una dimensión particular a partir de la experiencia y de la imaginación del escritor, es lo que convierte a las cosas comunes, a los objetos en objetos personales. Lo que ocurre es que en este ensayo, además del libro mismo, del libro de tapa rosa, los objetos de los que trata son los diccionarios. El núcleo de la historia que se cuenta, del ensayo que se escribe, es como un libro anterior a los libros, el que pone en serie las palabras y las posibilidades de las palabras, su propio sistema y su funcionamiento y que lo hace en correlación con una imagen o un dibujo. El libro cuyo objeto consiste en desplegar la distancia que separa a las palabras y a las cosas, a la vida o la experiencia vivida y a las palabras con las que decirla.
Además de las hermosas ilustraciones de fragmentos, recortes e imágenes de diccionarios sobre los que Muslip piensa y escribe, la distancia entre imagen, palabra y cosa se da en la diferencia de lenguas. El libro cuenta situaciones y recuerdos en Argentina, Inglaterra y Estados Unidos en los que el autor contrasta la experiencia con algunas palabras pero sobre todo, con el espacio que se abre en la desproporción entre ellas, sus sentidos y sus sonidos. Las palabras y expresiones, su etimología y su definición, son las que puntúan el avance de lo que se cuenta y llevan al ensayo a seguir desde un lugar más conceptual y preciso, a intercalar historias en la trama principal de los viajes y de la vida mientras se despliega una pregunta por un significado y se ahueca su espesor.
Diccionarios. Pequeño ensayo ilustrado inaugura el catálogo de la editorial Objetos personales. Los libros publicados hasta ahora y las fotos de los que se anuncian tienen un color, un tamaño y un brillo que parece convertirlos en piezas. No. La palabra no parece ser tan precisa. Lo que quiero encontrar es algo así como objetos de o para un museo, pero piezas no es del todo eso porque tiene algo de lo incompleto, aunque ya veremos que esto también puede entrar positivamente en la descripción de los libritos. No termino de saber cuál sería la mejor definición; busco: los sinónimos más comunes para “pieza de museo” incluyen conceptos que resaltan su valor histórico o artístico, tales como: reliquia, objeto de colección, artefacto (en contextos arqueológicos) u obra de arte/maestra. Se refieren a objetos antiguos, dignos de exhibición o de estudio.
En la última página del libro, un pequeño texto dice que la colección trata de “ensayos levemente distraídos del eje de los géneros” pero el nombre del ensayo ya está allí, como indicación tímida en el atributo de “levemente distraídos” y nítida por su pertenencia o su familiaridad genérica. También está en ese texto el nombre de “artefacto” que aparece en la definición de pieza de museo que citaba recién. El texto del final del libro, dice: “Diarios, crónicas, biografías y autobiografías, listas o capturas, archivos, bocetos y preparativos para una obra por venir. Conversación misteriosa con los artefactos”. Llamarlo ensayo, entonces, lo define y lo inscribe en una serie que es también como la pieza, un nombre de lo incompleto: “Objetos personales es una editorial con sede en Buenos Aires que se propone difundir el trabajo de escritores y artistas contemporáneos buscando acercar al lector un catálogo compuesto por ensayos narrativos y visuales en formato breve [...]” El ensayo como espacio que prioriza el hacer sobre lo ya hecho, el proceso sobre el resultado.
Volviendo a la definición de piezas, entonces, esa idea de “objetos excepcionales dignos de exhibición o estudio”, se aproxima también a otro girón del sentido. Del sentido de aquello: la pieza. Pieza de museo o de arqueología, separada de mí por su marco, su vitrina, su institucionalización de lo singular y lo intocable. La pieza aurática. Y, por otro lado, en esta colección, el sentido de estos objetos personales que queremos tener para nosotros, manipular, revisar, arrugar sus bordes, subrayar. Objetos que deseamos, buscamos, queremos atesorar como le ocurre al escritor con los diccionarios. El librito se vuelve así una forma perfecta y hermosa para la cosa de la que se ocupa.
4 de marzo, 2026

Diccionarios. Pequeño ensayo ilustrado
Eduardo Muslip
Objetos personales, 2025
108 págs.
Crédito de fotografía: Mariana Lerner.