• Cartografías
  • Sobrescritos
  • Pretextos
  • Secciones
  • Volver a inicio

Nigredo

Agustín Conde de Boeck


Facundo Gerez


“Buenos Aires era insaciable y llamó con su voz sibilina, emitiendo un conjuro por encima de los mares, y su llamado fue escuchado por cierta clase de gente. Y esa gente vino aquí. Y hoy pulula por las calles, arrastrando la locura amarga de sus geografías antiguas. Y son nuestros vecinos, nuestros padres, nosotros mismos”. En ese pasaje de Nigredo (Nudista, 2022), de Agustín Conde de Boeck, se condensa un aspecto clave de esta novela: del centro (Florida y Corrientes, Plaza de Mayo, Plaza San Martín) al Lobregal, la ciudad de Buenos Aires (una Buenos Aires oscura y arrabalera; una ciudad alternativa que, por momentos, parece una necrópolis) es más que un mero paisaje.

Ilustrada por Hernán Conde de Boeck, Nigredo es, en síntesis, la autobiografía de Epifanio Bozzolo, un ocasional estudiante de metafísica que (como reza el epígrafe inicial: una cita de “De profundis”, de Elías Castelnuovo) ambulaba por las calles de la ciudad como si fuese vacilando por los vericuetos de una catacumba milenaria.

Liendres, pulgas, perros sarnosos, curas depravados y maestruchos míseros en una ciudad fantasmal, con pensiones lúgubres y un bajo fondo tétrico: en ese contexto, a partir de una escritura atravesada por el lunfardo, vamos de la familia que a Epifanio le tocó en suerte (de la orfandad paterna, una madre desquiciada y una hermana que sufre una intervención monstruosa) a la familia constituida por él mismo en la adultez (una esposa que remite a la propia madre –“en mi casa, una madre que comienza a hacer espectral acto de presencia en la figura de mi esposa”–, un cuñado insufrible –un “desgraciado asqueroso, feo, pesado y ladino” con ciertos dotes adivinatorios– y dos hijos tarados).

Sórdida al extremo, la vida de Epifanio está signada por la necesidad de trabajar (“hay que yugar”, hay que “hollar las aceras en busca de vento”) y por una formación singular. Con la ilusión de cambiar la suerte, de salir del fondo del pozo, Epifanio se pone a merced de Buitrago, un personaje (que se ve como un muerto y canta tangos más siniestros que la peste) en el cual detecta “un magisterio muy complejo y oscuro que estaba dispuesto a repartir con cristiana generosidad a quien se lo solicitara”. “El camino fácil es el camino recto, pero nosotros queremos el sendero taimado, secreto y sinuoso que va hacia adentro”, sostiene Buitrago, a la vez que ejecuta una serie de “tangos lentos y melosos, con unos estribillos herméticos como invocaciones”, que conducen a Epifanio al estudio de la metafísica y a un submundo de espiritismo, hechizos y conjuros.

“Primero, el nigredo, y recién entonces, la gloria del albedo y el rubedo”, se dice en un momento. Considerando la definición de nigredo (un concepto alquímico que designa la primera de las tres fases de la transmutación de la materia, la fase previa al albedo y el rubedo) y lo que Agustín Conde de Boeck postula en el inicio del libro (“Esta es la primera de las tres novelitas que dediqué a Felipe Polleri”) podemos inferir que en las próximas dos novelitas asistiríamos al arco completo (la transmutación) de la vida de Epifanio.

Por lo pronto, el crescendo de lo ominoso en Nigredo es notable. Lo grotesco y lo atroz no solo se sostiene, sino que, a medida que avanza la novela, va en aumento. Agustín Conde de Boeck redobla la apuesta una y otra vez: cuando da la sensación de que nada puede ser peor, siempre hay algo más. Sin embargo, hay un detalle: cerca del límite de la humillación (del límite máximo, cuando ya no sabemos cómo es posible que Epifanio, después de todo lo que vivió, todavía esté en pie) hay algo que habilita a pensar en otra instancia. Una instancia a la cual podríamos aproximarnos a partir de la última ilustración de Hernán Conde de Boeck. Una ilustración en la cual vemos a Epifanio adulto, de perfil, esbozando algo parecido a una sonrisa. Una sonrisa tan maníaca y delirante como, si cabe la expresión en una novela de estas características, esperanzadora. Una sonrisa que hace suponer que, al final del túnel de la transmutación, probablemente, haya luz: que, después de la instancia más baja, de la instancia de putrefacción, a Epifanio quizá lo espere una etapa de introspección y renacimiento.

23 de diciembre, 2022

Nigredo. Nudista.png Nigredo
Agustín Conde de Boeck
Nudista, 2022
104 págs.


Compartílo:


Para que sigamos siendo una revista semanal, gratuita y de calidad

Apoyanos

Donar

Trabajos relacionados:

Hija biográfica

Romina Paula
NovelaValeria Sager

Desde el comienzo hay una voz, una de esas voces que inventa Romina Paula en sus novelas. Nunca entiendo bien de dónde salen, cómo las hace. ...

Leer

Diario de menopausia

Laura Wittner
DiarioSantiago Craig

“Soy hombre”, dice la frase escrita por Terencio en el siglo II A.C., “y nada de lo humano me es ajeno”. Decir que era hombre, para Terencio, ...

Leer

El libro de todos los libros

Roberto Calasso
EnsayoTomás Villegas

Suele afirmarse, y no sin razón, que uno de los intereses mayores de Roberto Calasso (y allí, para confirmarlo, están entre tantos, tantos otros...

Leer

Historia del auténtico niño barbado de la China

Daniel Tevini
NovelaFernando Núñez

Como ya lo hicieron Gabriela Cabezón Cámara, Martín Caparrón, Emilio Jurado Naón o Michel Nieva, “Historia del auténtico niño barbado de la C...

Leer

Suscribite para recibir novedades


2018. El diletante, Reseñas, ensayos literarios y entrevistas

  • ¡Seguinos!

Para que sigamos siendo una revista semanal, gratuita y de calidad

Apoyanos


$1000 $2000
$3000 $5000