Si bien, como apunta Leonor Arfuch, “la biografía es sin dudas la más antigua de las narrativas donde la vida de alguien es protagonista”, recién desde hace alrededor de tres décadas, parte de la crítica académica orientó sus intereses al campo de los géneros literarios vinculados con las escrituras de una vida y, entre muchos otros –la enumeración no pretende ser exhaustiva–, los trabajos de Pierre Bourdieu, Alberto Giordano, José Amícola, de la propia Leonor Arfuch se constituyeron en referencias fundamentales para nuevos estudios que indagaron, teorizaron, problematizaron y celebraron esta deriva por la que se aventuró un nutrido grupo de artífices de la literatura.
Dentro de esta tradición se inscribe Arrabales de la biografía, de Patricio Fontana, investigador, docente y traductor, quien a través de siete ensayos –más una “Nota preliminar” y una “Coda”– que se concentran en la biografía, reflexiona y nos invita a pensar sobre este tipo de narración tan antiguo como contemporáneo y vigente. Sin detenerse en las biografías seguras de sí mismas, que evitan cuestionarse sus imposibilidades y se obstinan en negar su incompletud y condición perecedera, Fontana explora en las periferias del género aquellos textos que, conscientes de sus propios límites, bajo diversas máscaras, son otra cosa o algo más que simples biografías. Textos híbridos que afirman una identidad al mismo tiempo que escapan del encorsetamiento. Textos que cuentan una vida subvirtiendo las convenciones canónicas porque para narrar aquello que pretenden, deben encontrar, deben darse una forma sui generis. Textos marginales que se ubican a la vez dentro y fuera de un género. Dicha particularidad, a criterio del investigador, los convierte en atractivos objetos de estudio por sus especificidades, a la vez que le sirven para recorrer como un topógrafo o agrimensor esos lindes: las periferias de la biografía.
El ensayo inaugural, “Los tiempos de la biografía”, está dedicado a una suerte de making-of de la biografía de Jacques Derrida, escrita por Benoît Peeters. Se trata del cuaderno del biógrafo titulado Tres años con Derrida, publicado al mismo tiempo que la biografía, el cual, a partir de su registro obsesivo del tiempo, le permite a Fontana introducir y reflexionar sobre algunos aspectos de este género: la diferencia entre las biografías “frías” y las “calientes”, el carácter perecedero de estos libros –más aún cuando quedan documentos por “descubrir”–, la carrera por llegar a ser el primer biógrafo (en este caso, de Derrida) y la relación entre biografiado y biógrafo, quien evita devenir derridiano escribiendo sobre Derrida.
El siguiente, “La biografía como identikit”, tras plantear las diferencias entre novela y biografía, se detiene en La luz negra de María Gainza, “un ejemplo de hibridación genérica”, para definir el modo en que ese libro se propone como “literatura expandible” –en tanto que el lector podrá “embarcarse en una exploración que complete o amplíe lo escrito por Gainza”–, como “una biografía en proceso” –que expone los avatares y escollos que se enfrentan en esa escritura– y, también, al evidenciar el carácter deceptivo del género biográfico, erigirse en ”una apología de la biografía como acercamiento, como esbozo y boceto”, ya que desnuda la imposibilidad de toda biografía de ser definitiva y cerrada.
Los tres ensayos siguientes: “Biografía y ficción”, “Conversación y biografía” y “Voces y cuerpos en la biografía” abrevan en la relación entre formas liminares de la biografía y la conversación –bien distinguida, con argumentos teóricos, de la entrevista, el diálogo y el reportaje–. El primero de este grupo analiza el “inclasificable” segundo libro de Carlos Busqued, Magnetizado, que surge a partir de “más de noventa horas de diálogo con Ricardo Melogno” que mantuvo Busqued con el asesino de cuatro taxistas, en 1982, luego de la Guerra de Malvinas. Como sucede en todos los ensayos, combinándose con pasajes del libro que está trabajando, Fontana distribuye dosificadamente las columnas teóricas –aquí, por ejemplo, hay citas e ideas de Barthes, Ludmer, Garramuño y otros– para sostener sus hipótesis, reflexiones y lecturas. En “Biografía y ficción” el foco se ajusta en la “cualidad fictiva” de Magnetizado y en el modo en que la ficción puede cumplir un rol ordenador del discurso de otro, del biografiado, de Ricardo Melogno, en este caso.
El segundo de esta serie, por su parte, se adentra en el volumen Nací para ser breve, publicado en 2017, que contiene, entre un capítulo inicial que narra la relación entre María Elena Walsh y Gabriela Massuh antes de esas grabaciones y otro final dedicado a la vida de Walsh hasta el 2011, la reelaboración de las conversaciones que ambas escritoras mantuvieron durante seis meses de 1981, cuando la recordada madre de las canciones y personajes que animaron las infancias de mi generación y las siguientes, debió enfrentar el cáncer. Sin descuidar la centralidad del vínculo amoroso-afectivo entre biografiada y biógrafa, la implícita intimidad entre ambas, Fontana desarrolla la “ética del silencio autoral” e introduce el tema de la incapacidad de la letra impresa para reproducir “la voz como sustancia sonora”.
En “Voces y cuerpos en la biografía”, el autor recorre Opus Gelber, de Leila Guerriero, enfatizando la voluntad de la autora de recuperar la materialidad de la voz de Bruno Gelber, el consagrado pianista argentino y, como veremos, eximio conversador; “de forzar la palabra para que diga algo sobre la voz”, al tiempo que busca consignar en su escritura la presencia de un hombre y de un cuerpo, con sus olores, con los movimientos que realiza mientras conversa. También aquí, el vínculo que se establece entre biógrafa y biografiado vuelve a ser objeto de nuevos señalamientos.
A partir del libro Imprenteros, de Lorena Vega y hermanos, que es también una obra de teatro, en “Biografía y familia” ingresamos en “una específica tradición de la literatura biográfica... la conformada por textos en los que un hijo se constituye en biógrafo de su padre”, la patriografía, que “reconstruye la historia de un nosotros” y comparte una zona franca entre biografía y autobiografía. Por cierto, un interés bastante frecuente en la literatura argentina reciente. Mientras desglosa esta original “patriografía coral”, Fontana revisa con minuciosidad las características de este subgénero y describe las particularidades de Imprenteros, dejando entrever su entusiasmo con esta obra.
El último ensayo, “Biografía y secreto”, tras un pertinente excursus que, entre otras cuestiones, deslinda los significados de secreto, misterio y enigma, se adentra en Migré, de Liliana Viola para intentar responder si es posible “guardar un secreto” en el interior de una biografía, a pesar de su carácter re- y develador. El relato de las diversas (y novelescas) peripecias que atravesó el libro Migré y su autora, a causa del celo del “guardián del archivo” de Alberto Migré, junto a otros episodios posteriores, concurren como pruebas de la riesgosa condición de aquello que fue omitido o silenciado. Como colofón, quizás en acto de justicia o ironía vital y literaria, el ensayo repone la relación entre Liliana Viola y Aurora Venturini, que convierte a la primera en la guardiana de la obra y del archivo de la segunda.
Una evidente virtud de los ensayos reunidos en Arrabales de la biografía es que Fontana logra sostener el rigor en una escritura amena, invitante tanto para quienes disfrutan de las convenciones de la prosa académica, como para aquellos que encuentran el placer de la lectura en terrenos menos ripiosos. La segunda virtud, colindante con la primera, es que tanto el estudioso como el “lector común” pueden sentirse invitados a descubrir los libros que integran el corpus de Fontana, tanto estas biografías fronterizas como la bibliografía teórica y crítica que se detalla al final del libro.
17 de junio, 2026

Arrabales de la biografía
Patricio Fontana
Beatriz Viterbo,2025
132 págs.