Hay escritores que siempre escriben un libro distinto –Iosi Havilio, María Negroni– y escritores que parecieran escribir siempre el mismo. En esta segunda categoría se ubica Pablo Katchadjian. Su obra es una combinación de tres cosas: peripecias, metaliteratura y filosofía al paso. Medio real (Blatt & Ríos, 2026) participa de una serie (¿involuntaria?), iniciada con Qué hacer (2010), sobre la libertad y la esclavitud, el intercambio dialéctico entre personajes que no ilumina nada más que la situación absurda en la que se encuentran (no por nada Esperando a Godot sobrevuela como influencia en La libertad total), y las posibilidades y trampas del lenguaje, donde está todo, el principio y el fin de la narrativa de Katchadjian, como si fuera una larga discusión sobre los materiales de su oficio.
Medio real es una novela para lectores de Katchadjian. Para quienes ya saben con qué van a encontrarse: juegos lexicales, furcios, refranes y malentendidos, chistes y alejandrinos, reflexiones profundiotas (Chitarroni) y frases que revelan una idea realmente poderosa, aunque el narrador las disimule entre falsas atribuciones y desvíos, como si tuviera miedo de pecar de solemne: “Al final, uno puede lo que le interesa, y si no le interesa probablemente no pueda, y si no puede será que no le interesa, aunque crea que sí: es una buena guía para analizar el interés de uno”.
Cuando César Aira recibió el Premio Formentor, sus benefactores lo sometieron a una entrevista. Lo que salió fue un incómodo momento performático plagado de balbuceos, falsa modestia, ironías demasiado argentinas para el interlocutor, frases que el autor de Ema, la cautiva dejaba en suspenso, inacabadas, y languidecían en una pausa de asmático o entre suspiros de cansancio. A una sola pregunta respondió sin titubeos. ¿Quiénes son los mejores escritores argentinos contemporáneos? Según Aira, Fabio Kacero, Pablo Katchadjian (“Pablito”) y él mismo.
La sintonía entre la literatura de Aira y la de Katchadjian se percibe en la ejecución de una prosa tersa, que toma como modelo los cuentos infantiles o los géneros, para luego narrar eventos complicados, delirantes, de gran fuerza imaginativa, por lo general dinamitando la trama en las últimas páginas. Tanto Aira como el autor de El Aleph engordado parten de un universo narrativo cuidadosamente fabricado y una anécdota mínima, para luego moverse con libertad. ¿Libertad para qué?
En el caso de Katchadjian, para señalar las vacilaciones de quien escribe sobre el material con el que trabaja. El narrador juega con la literalidad de una metáfora (“Se me heló la sangre un poco más”), pone en crisis la argumentación (“Pido disculpas por estos pensamientos desordenados”), señala el artificio del lenguaje, de cualquier lenguaje, empezando por el de la gauchesca (“¿Por qué decís ensebao?”).
Pero Medio real no es una novela de género gauchesco actualizado, sino una crónica de Indias, tradición que va de Álvar Núñez Cabeza de Vaca al Juan Díaz comido por los indios de la “Fundación mítica” de Borges, que Saer retoma en El entenado. Hay un barco, un esclavo (Frotenco), un niño-niña llamada Taco (como en La infancia del mundo, de Michel Nieva, cambia de género a mitad de la novela), una llegada al Nuevo Mundo. También un narrador que, igual al indio místico de Eisejuaz, escucha la voz de DNS: Dios Nuestro Señor.
Las aventuras del grupo encuentran un desenlace que anuda el final del libro con su principio, inesperado gesto clásico para esta novela, que el narrador enseguida cuestiona: “Me pone un poco ansioso lo que estoy por contar, porque sé que es inverosímil”. Antes, ofrece más teorías sobre la práctica artística. Traza las líneas principales de una estética que propone escribir sin ninguna intención; que la intención sea apenas una idea inicial para poner en marcha la escritura, que luego debe olvidarse. Y, en las páginas finales, suma: “Lo que importa es lo que conté, no lo que pasó, que en sí mismo no existe”. Como su soldado devenido escritor en medio de tribus, chamanas y la Burocracia Imperial, Pablo Katchadjian suma otro título a un programa literario alejado de todo vitalismo, de las formas de la autoficción y de las variantes del realismo, programa que viene tallando un mismo surco desde hace unos quince años.
17 de junio, 2026

Medio real
Pablo Katchadjian
Blatt & Ríos, 2026
208 págs.
Crédito de fotografía: Ciro Katchadjian.