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Campo visual

Jorge Consiglio


Fernando Núñez


Ya desde su título, los nueve cuentos que integran Campo visual, el nuevo libro de Jorge Consiglio, trabajan en torno a la percepción. No lo hacen a la manera saeriana, exasperando las descripciones hasta el límite de lo verosímil, sino jugando con las posibilidades e imposibilidades narrativas del punto de vista. De un realismo heterodoxo, se trata de relatos en los cuales los detalles tienen el mismo valor que lo que ocurre fuera de campo, en los que lo insinuado echa luz sobre lo dicho.

Como en La circunstancia, el campo ocupa un lugar privilegiado. Un campo que, desde la Generación del 37, es en nuestra literatura menos un ambiente que una red de resonancias literarias, políticas y sociales. En “Las señas”, por ejemplo, una pareja de mujeres pasa unos días en una quinta mientras su relación se desintegra sin mayores estridencias. Como en la tradición del cuento deudora de Chéjov, Hemingway y Carver, lo no dicho tiene tanta importancia como lo que se dice: no parece suceder demasiado en esa estadía pero pequeños detalles dan cuenta de una sordidez ominosa que no termina de exhibirse. Algo similar sucede en “Brian Drain”, narración de título ramonero, ambientación punk y referencias a bandas como los Dead Kennedys y los Sex Pistols. Las acciones mínimas, casi insignificantes (un partido de truco con desconocidos, bebidas alcohólicas consumidas con desmesura juvenil), están atravesadas por una atmósfera agobiante.

“Un día en la vida” reescribe “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz”, en el que Borges, a su vez, reversionaba el Martín Fierro. En este relato de desclasados, traiciones y destinos reencontrados, Consiglio reúne dos de las vertientes principales de la literatura argentina contemporánea: la que elige ambientar sus narraciones en los márgenes de la gran ciudad y la que reelabora tópicos del siglo XIX. Así, dialoga, no sin polemizar, con autores que, en principio, parecen tener poco y nada en común entre sí, como Dolores Reyes, Oscar Fariña y Emilio Jurado Naón. Estos cuentos se construyen en torno a una tensión nunca resuelta entre lo representativo y lo metaficcional. Como si, señalando sus limitaciones, la conciencia del artificio literario multiplicara las formas de la mímesis.

Así, los relatos coquetean con el realismo sin entregarse del todo a él. Espacio, tiempo y personajes prototípicos (el joven melómano, los trabajadores precarizados) construyen una realidad reconocible para el lector argentino contemporáneo. Sin embargo, la posición del narrador desbarata la ilusión referencial. Si la proliferación de lúcidas frases asertivas (“es evidente que el odio brota de los detalles menores”, “obedecían al deseo propio de los testigos: enamorarse de una verdad inmediata”) podría hacer sospechar que estamos ante uno de esos narradores decimonónicos que todo lo saben y todo lo controlan, lo cierto es que ellos se posicionan bien lejos de cualquier tipo de omnisciencia. El realismo aquí es ajeno a las pretensiones de la transparencia. Los relatos están salpicados de vacíos significativos, sin lugar para las explicaciones pedagógicas. En cambio, se despliegan los juegos autorreferenciales (“Un día en la vida”), los cuestionamientos a la propia identidad (“Campo visual”) y las cercanías con lo extraño (“La virtud”) y lo fantástico (“Hiel”).

Ciertas recurrencias hacen que el volumen no se lea como una reunión arbitraria de relatos desperdigados. Fuego, incendios y bomberos aparecen en varios de ellos, así como también son frecuentes las reflexiones de narradores y personajes en torno a lo real y sus representaciones posibles: “la sociedad era lo único que me unía con lo real” (“Campo visual”), “sus piezas eran más auténticas que la realidad” (“Cuerpo en suspenso”). Incluso “Retaguardia”, cercano a los tonos de la autoficción, comienza con una sentencia que podría referirse a cualquiera de los cuentos: “Las historias no tienen principio ni final, dice Graham Greene. Se elige a ciegas una escena para empezar y otra para terminar”. Esta frase condensa dos grandes tradiciones cuentísticas reunidas en estas narraciones breves de Consiglio: la de la conciencia explicitada del artificio literario de raíz borgeana y la ética de la austeridad de cierta narrativa norteamericana.

24 de junio, 2026

Campo visual. Eterna.jpg

Campo visual
Jorge Consiglio
Eterna cadencia, 2026
120 págs.

Crédito de fotografía: Alejandra López.


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