El juego de la fuga, la nueva novela de Miguel Vitagliano, está protagonizada por una familia (madre y padre maduros, hijo veinteañero) de origen argentino radicada desde hace unas décadas en Italia. No lo hace, como buena parte de la literatura argentina reciente, bajo los protocolos éticos y formales de la autoficción, ni bajo la perspectiva de un hijo que evoca (sin escatimar reproches) a sus padres. Por el contrario, presenta una sofisticada tercera persona que se acerca y se aleja de los protagonistas, quizás señalando que toda familia se edifica sobre cierta opacidad.
La focalización se posa en Bella, una mujer de unos sesenta años que sufre de electrosensibilidad, y en su hijo Michele, un joven adicto a las drogas en proceso de recuperación. Lorenzo, el padre que ha viajado a Buenos Aires por razones no del todo claras (lo que inicialmente sería un viaje breve para resolver una herencia se demora por una cirugía), es presentado a partir de sus correos electrónicos y de los recuerdos y conjeturas de Bella y Michele. Entre silencios y ocultamientos cruzados, la distancia parece un asunto insalvable. Pero, a diferencia de lo que sucede en La Familia de Gustavo Ferreyra, no se trata de una mirada misántropa sobre la institución familiar. Incluso cuando el choque generacional está presente (sobre todo en el vínculo entre madre e hijo), las pequeñas mentiras aparecen matizadas por un gesto amoroso y protector.
La narración del presente familiar está intercalada por referencias al pasado, compartido y no tanto: los años argentinos de la pareja, algún amante de Bella, el problemático vínculo de Lorenzo con sus padres, el nacimiento de Michele y su vínculo amoroso con la participante de un reality show desembocan en un presente amenazado por la desintegración social y la amenaza de la guerra. Algunos acontecimientos históricos (la última dictadura militar, el menemismo, el auge de las ultraderechas en Europa) van ritmando la vida de los protagonistas.
A diferencia de Enterrados (2018) y Viaje a las cosas (2023), sus anteriores novelas, El juego de la fuga no se remonta al siglo XIX sino que está ambientada en nuestro presente más inmediato. El imperio de las pantallas, la sombra del COVID, la guerra de Ucrania, el movimiento antivacunas, sobrevuelan sus páginas sin degradarse a mero telón de fondo. Si en algunos autores este cóctel de contemporaneidad desemboca en la ciencia ficción, Vitagliano, en cambio, opta por las formas del realismo distorsionado de la gran narrativa del siglo XX. Así, la novela presenta un narrador que, en sus vaivenes, funciona como un personaje más. Este gesto se extiende a las páginas finales. En “Reconocimientos”, en lugar de las convencionales palabras de agradecimientos a familiares, colegas o editores, “Miguel Vitagliano” afirma que sólo Bella “conoce las canciones que tararea al final, no el narrador, ni el autor ni el escritor que se mueve entre ambos y que acaso sea el último responsable de llenar los vacíos”.
De las abundantes referencias literarias que ofrece la novela, sobresale la de la uruguaya Blanca Luz Brum, autora de El último Robinson, de quien Bella prepara una nueva edición conmemorativa. Lo que comienza siendo un encargo académico, se convierte en una obsesión que contagia también al narrador: la novela se salpica de interpretaciones de sus textos y de anécdotas biográficas dignas de un relato de Roberto Bolaño. Así, Brum se vuelve un personaje tan central como sus protagonistas. En ella se encarnan de manera delirante las siempre conflictivas relaciones entre arte, experiencia y política: sexualmente libre, joven comunista en los años veinte, militante del primer peronismo, terminó apoyando el golpe a Salvador Allende con argumentos del macartismo más troglodita.
Solo una lectura apresurada puede hacer pensar que las vidas del triángulo familiar están menos atravesadas por la política que las de Brum. En la narración de conflictos aparentemente mínimos, El juego de la fuga convierte en material literario las marcas que la Historia va dejando, sobria pero implacable, en una familia que escapó del horror argentino para toparse, finalmente, con la posible disolución europea.
23 de septiembre, 2026

El juego de la fuga
Miguel Vitagliano
Edhasa, 2026
264 págs.