Vida, obra, pensamiento y época quedan imbricados en esta biografía de Edgar Bayley. A diferencia de su trabajo anterior sobre Juan L. Ortiz (donde el abordaje implicaba una mayor participación del biógrafo), en La música vendrá Mario Nosotti pone el énfasis en repasar lo más objetivamente posible –aunque sin perder su exquisitez lectora– el viaje del poeta a través de los años. Nos adentra de este modo en una aventura que desborda lo individual, articulando las vivencias, las poéticas, la crítica y el entorno en el que se desplegaron: un haz de relaciones que constituye una porción trascendente de la historia literaria argentina.
El análisis de lo familiar, destacando lo estrafalario de los hermanos Maldonado-Bayley (Edgar, Tomás y Héctor), habilita no solo a distinguir un plano nuclear, sino también a comprender las irrupciones socio-culturales de las cuales formaron parte. La solemnidad contra la que Edgar se opondrá desde muy joven y hasta su muerte se descubre atravesada por quienes lo rodearon y acompañaron, especialmente durante su participación en el movimiento invencionista (del que luego se despegaría lentamente en busca del propio latir). La poesía, entonces, constituirá para él siempre el mismo fenómeno “fundamental: rodear al hombre de cosas reales y no de fantasmas”, lejos de “una mera efusión de estados personales”.
En esa clave, el relato admite los desplazamientos hacia otros artistas y grupos. Se les da su debido lugar a los amores, a los amigos, a los colegas; se traza un mapa de circulaciones y enfrentamientos, de posturas, compromisos, publicaciones. Bayley es un poeta entre poetas, porque así lo consideraba, pero con la misión de arrancar de cero, como si fuese una obligación: su poesía “es una poesía adánica, se inscribe en esa tradición imaginaria de poetas que sienten la urgencia de nombrar las cosas en el mundo, de hacer comunicable lo evidente y también lo invisible de la invención”, dice Nosotti. Y continúa: “Hay siempre una guerra, un núcleo del disturbio en sus poemas, una clara conciencia de que las cosas van mal. La asunción de esta intuición es la “difícil esperanza”: salir del yo para ir hacia el nosotros, los objetos, la amistad de los hombres, el renovado intento, la tentación de la claridad”.
Nombrar como si nunca se hubiera nombrado, hacerlo en conjunto, en miras a alcanzar el equilibrio entre lo privado y lo comunitario, la intransmisible experiencia y el puente de las palabras. El yo, el tú y el nosotros se intercalan para intentar el punto de contacto y estrechez, el calor humano. Versos claros y a la vez enrarecidos, música sostenida y escurridiza, elementos que le dan forma a esa pulsión gregaria, donde urge el encuentro pero no se desconoce su imposibilidad de consumación: “he querido poner el espíritu crítico al servicio de la inocencia”. Todo ello en el contexto de su desarrollo, con sus afectos, sus inquietudes, sus contrariedades y accidentes, muy bien retomados y dispuestos por el biógrafo para arrojar claridad a lo dicho, para ver a la luz de las pasiones del poeta.
El libro discurre entre distintas líneas de tiempo, que a veces saltan o se superponen, ya que lo crucial es la captación del fulgor, el aura de una vida dedicada al poema y sus avatares. Por eso el pensar es interceptado por el sentir, y las imágenes se transforman en principios o sinécdoques de un flujo mayor. La escritura consagrada a recibir lo poético no se ata al género y puede recorrer una existencia de cabo a rabo bajo el mismo candor intenso. Toda la obra de Bayley (verso, prosa, ensayo, ponencia, teatro, carta) es prueba de esto y Nosotti así lo entiende y lo expone, engarzando textos de distinta índole en una secuencia deliciosa: el acto de escribir en la fe de que, si alcanzamos la necesaria “honestidad” de no saber decirlo de otra manera, si nos entregamos al “ejercicio de la posibilidad propia”, la música vendrá.
26 de febrero, 2025
Edgar Bayley. La música vendrá
Mario Nosotti
Gog & Magog, 2024
224 pág.