Si le creemos a los pocos fiables Diarios de Emilio Renzi, el primer nombre que Piglia pensó para Respiración artificial fue Entre hombres. En Respiración boca a boca, Ricardo Strafacce parodia aquella novela de 1980, al construir una extensa y vertiginosa narración protagonizada por mujeres empoderadas y hombres reducidos a estereotipos. Así, con los recursos propios de la ficción, se suma al bullyng que buena parte de la crítica y del cotilleo literario ejerce sobre el autor de La ciudad ausente desde hace añares. Irónica y sobradora, la novela por momentos cae en el facilismo de pegarle a una figura que dejó de ser indiscutible y cuyo cuestionamiento, como antes ocurrió con Sabato y Cortázar, se ha convertido en lugar común y contraseña de pertenencia en algunos círculos. La estructura un tanto esquemática de la novela contrasta con sus excesos argumentales. En el primer capítulo se muestra a la narradora y protagonista obsesionada con Pabla, quien además de amiga y amante de su hijastra, es alumna suya en la facultad. En el segundo, el más extenso, se narra el vínculo sadomasoquista entre la narradora y Pabla; a nivel formal, el diálogo se da menos con Piglia que con el Marqués de Sade de Filosofía en el tocador (las escenas de sexo y consumo desmesurado de drogas y alcohol se alternan con hipótesis de lectura en torno a la literatura argentina) y el de Las 120 jornadas de Sodoma en la acumulación de escenas pornográficas. El léxico preadolescente (“puta”, “conchita”, “coger”) salpica las proliferantes páginas de sexo explícito que posiblemente hubieran provocado algún escándalo décadas atrás. Finalmente, en el último capítulo, la novela da un giro radical: Pabla se revela agente de policía que está al servicio de una revolución marxista. A partir de allí, la acción se abre a un coro de personajes femeninos para desembocar en una gran orgía y en una suerte de juicio popular a Piglia.
Como en su Osvaldo Lamborghini, Strafacce pone el foco en las relaciones de poder del campo literario argentino. El lector imaginado por la novela conoce las pequeñas miserias de nuestras letras: Arlt, Bioy Casares, Silvina Ocampo, Borges, Aira, Fogwill, Macedonio Fernández, Katchadjian, entre otros tantos nombres, circulan como protagonistas de una lucha por ubicarse dentro del canon. En este contexto, el sadomasoquismo presente en decenas de páginas es sintomático, en una novela que concibe la literatura como una combinación gozosa de deseo y poder. La narradora, profesora de Letras en la universidad, es sometida a las burlas de Pabla (quien la tilda como “analfa” y le señala constantemente sus baches lectores), es incapaz de reconocer fragmentos de Borges, apenas leyó a Manuel Puig, considera Respiración artificial poco menos que un texto sagrado y llora ante los cuestionamientos a Piglia.
Respiración boca a boca exhibe marcas formales de autores de los que Strafacce ya se había ocupado como crítico y a los que, de alguna manera, les confirió el estatuto de precursores. Se reúnen la velocidad de Copi, la fascinación por las marcas y por la vida de los sectores altos de Fogwill, los arrebatos pornográficos del menor de los Lamborghini, los finales delirantes de César Aira. Pero la presencia más notoria, que desborda los límites de la parodia, es la del vilipendiado Ricardo Piglia. Los pasajes más memorables de la novela son aquellos en los que Pabla-Strafacce (como Renzi-Piglia en Respiración artificial) articula osadas hipótesis de lectura que solo pueden formularse dentro del marco de la ficción: las limitaciones gramaticales de los escritores de la élite, la perversión latente en algunos escritos de Borges, el origen del rechazo a Puig en su General Villegas natal. Brulotes e innecesarios gestos desacralizadores al margen, esas hipótesis pueden leerse como una suerte de homenaje involuntario a las posibilidades de la narración crítica de Ricardo Piglia.
4 de noviembre, 2026

Respiración boca a boca
Ricardo Strafacce
Blatt & Ríos, 2026
504 págs.
Crédito de fotografía: Lola García Garrido.