Hay una pequeña pero inmensa tradición en la que puede insertarse, como un eslabón inesperado, el libro, el libro Vida de Fernando Callero / La casa de alto, de Francisco Bitar: las biografías ensayísticas de poetas argentinos hechas por escritores argentinos. Como no podía ser de otra manera, el conjunto lo abre el Evaristo Carriego de Borges, lo sigue el Alejandra Pizarnik de César Aira, y se continúa, o encuentra su actualidad, en el adictivo libro de Bitar. Es quizá uno de los géneros nacionales más apasionantes, como la gauchesca, el grotesco criollo o agregarle a una botella recortada mucho hielo, treinta por ciento de Fernet y setenta por ciento de Coca.
Francisco Bitar saca un poco de cada uno de estos clásicos, los junta, los mete en su clima santafesino de calor y lisos, y los transforma. Cuando Borges escribe sobre Carriego sabe que no es el gran poeta argentino y sin embargo lo sitúa en una línea heróica, como un prócer del barrio de Palermo, para cantarle en realidad a su ciudad natal, Buenos Aires; algo parecido al uso que hace Bitar de Callero, un poeta trotapueblos que va rebotando de acá para allá, sin trabajos fijos y con una precariedad económica parecida a su poesía. Borges esculpe la Buenos Aires de su tiempo a través de Carriego, Bitar vuelve a hacer vivir una época que todavía creía en el poder de la autogestión y la comunidad, pre explosión de redes, a través de la algo desgraciada y efímera vida del poeta Fernando Callero. De Aira podría decirse que toma la manera episódica de contar una vida, la de Pizarnik, que recelaba de la prosa y la novela, debido a las molestas transiciones inevitables en este tipo de textos.
La diferencia fundamental es que Vida de Fernando Callero / La casa del alto es una novela hecha y derecha aunque se presente como ensayo biográfico. Y una novela que podría llamarse simbolista, por momentos, proustiana, por otros, pero con un fuerte impulso narrativo que la lleva a contar. A diferencia de la Pizarnik de Aira, no se nos revela el lado B del poeta, su cara oculta, sino que se despliegan los dos o tres hechos cruciales de su vida para mitificar un tiempo, y tal vez, por qué no, los modos de hacer de una época, mítica ya de por sí, como la de fines de los noventa y principios de los dosmil. Fernando Callero es un personaje literario, antes que poeta, y el principal de esta historia, con el pequeño detalle de que esta historia no es ficticia.
Hay un Poeta y hay un Escritor que narra y que se relaciona con el Poeta. ¿Quién es este Escritor? ¿Es el mismo Francisco Bitar? Uno de los grandes hallazgos de esta forma de contar una vida es el uso de esta tercera persona informativa, un desdoblamiento único que Bitar encontró para hablar de sí mismo y de un amigo, pero sin mencionarse, o incluyéndose como en las sombras. Lo más difícil en el ensayo de una biografía de alguien cercano y querido, al cual se admira, es correrse, dejar el ego y las miserias del yo en pausa. El Escritor (en mayúsculas en el texto, como si fuera un personaje de reparto) encuentra la manera de ficcionalizar hechos reales. Poeta y Escritor se necesitan mutuamente. El primero embellece la vida con sus palabras y con su sola existencia, y quiere ser famoso; el segundo “es quien puede contar el cuento”. Para que el Poeta siga viviendo después de su muerte, el Escritor debe hacer del Poeta un libro.
Una vez terminada la biografía, el lector se frustra: hubiera deseado que fuera más larga. Por alguna oscura razón necesitaba saber más, necesitaba saberlo todo sobre Fernando Callero. Las imágenes de viejas fotos analógicas que acompañan a la hermosa edición de Objetos Personales le dan su toque verídico, marca de la casa. Pero la cosa no termina ahí, porque se adjunta un segundo texto, o una segunda parte de la novela, en la que reaparece solo y únicamente el Escritor, para completar el círculo. Se mueve por la ciudad en la que alguna vez vivió Fernando Callero, imaginando que vive (quizá también como alguna vez el Poeta) en una casa de alto.
Quien haya atravesado los límites de la Capital del país ha visto casas de alto. Esas construcciones a veces maltrechas o casuales (se trata de una casa arriba de otra, generalmente de familiares cercanos) inspiran al Escritor. Pero el Escritor no se limita a describirlas con objetividad, como ha hecho admirablemente Daniel García Helder con las fachadas rosarinas en La vivienda del trabajador, también se proyecta dentro de ellas, para estimular su lenguaje y su pensamiento, y esta proyección es la clave para situar la vida y la obra de Fernando Callero en los tiempos convulsos de una ciudad.
4 de noviembre, 2026

Vida de Fernando Callero / La casa de alto
Francisco Bitar
Objetos perdidos, 2026
108 págs.
Crédito de fotografía: Diego Gentinetta.