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Una guerra en paz

Bárbara Pistoia


Derian Passaglia


Vi una película de negros que a Bárbara Pistoia le gustaría, si es que ya no la vio. Se llama ¿Dónde está el dinero? y empieza con una voz en off que dice: “Escuchen: Los Ángeles, Los Ángeles. La gran ciudad de los sueños, nena. Tenemos Hollywood, Silicon Beach y Beverly Hills, ¿cierto? Tres de los vecindarios más acaudalados del país. Y luego, South Central. Ahora seamos honestos, cuando uno escucha South Central, ¿en qué piensa? Pandillas, drogas, armas. Pero entonces, ¿qué diablos están haciendo aquí estas personas blancas y ricas, eh?”. Es una peli de risa que trata, sin saberlo, o quizá ocultando la temática en la risa incorrecta, de la gentrificación. Y es la misma temática del libro Una guerra en paz.

No sé cómo hablar del libro sin hablar de mí, en definitiva lo leí yo, y me hizo pensar. Vivo en el barrio de Barracas hace cuatro o cinco años, y me mudé en el mismo año en que Pistoia se mudó a la ciudad en la que nací, Rosario, a la que entiendo consideramos la mejor ciudad del mundo. Fui contando, uno a uno, los cafés de especialidad que abrieron todos estos años en mis cuadras, en la ilusión, en la esperanza, de que algún día llegue el subte a esta zona olvidada por el Gobierno de la Ciudad. La traza de la gentrificación, según la autora, cuenta la historia de un movimiento: en pleno siglo XXI, las ciudades no son más que otra forma de la mercancía que excluye al que no tiene para pagar un alquiler y favorece al joven blanco de clase media y media alta que compra la experiencia de la ciudad. Esa es la definición clásica de gentrificación, pero lo interesante de Una guerra en paz es que no se queda en definiciones clásicas.

Ayudada por filósofos, sociólogos y escritores que siempre nombra como Henri Lefebvre, Pistoia trae conceptos nuevos que construyen una gentrificación no sólo en relación a la ciudad, sino al modo de vivirla. Describe así una clase nueva, la “clase creativa”, que aparece con las ciudades modernas. Es la clase que vende la experiencia de la ciudad, son los community manager, los influencers, los generadores de contenido, los “creativos”. Y con ellos se transforma la ciudad, sí, pero también el lenguaje. Antes que los barrios, florecen los circuitos de arte, los polos gastronómicos, los corredores, que provocan cambios estructurales y exclusión al interior de los mismos barrios. Donde antes había una tapicería, un almacén, ahora hay una torre de quince pisos deshabitada o un local de cheddar y panceta.

El amor, las conversaciones, las relaciones. La gentrificación pareciera invadir cada aspecto de la vida íntima, y transformar a los propios sujetos que habitan las ciudades. A la gentrificación le gusta la palabra “habitar”, y ese es un gran descubrimiento de Pistoia: el neoliberalismo gentrifica hasta la lengua. En ese sentido, Una guerra en paz es un libro combativo, jugado, utópico como de los que ya no se escriben, con recurrencias, algunas obviedades e insistencias. El espíritu de resistencia no se negocia, y el lector se siente obligado a plantarse en una vereda: está a favor o en contra de la gentrificación. Pareciera que no hay lugar para tibios, queda poco margen para la serena reflexión, y es en esos momentos cuando el poder sintáctico de Pistoia se pierde un poco en la marimba de la historia, porque reproduce los tonos y las formas que usa el enemigo (la derecha, las redes, etc).

Por momentos Bárbara Pistoia es Roland Barthes y por momentos es una tuitera promedio. En la irregularidad encuentra su estilo, y cuando aparece el tono soberbio de superioridad, la canchereada (a veces hasta puede leerse un “ja" al lado de una frase), el lector siente que la autora grita desde la punta del Obelisco (o el Monumento, ya que estamos entre rosarigasinos) pero desde abajo, acá, por el ruido de los autos y bocinazos, no se escucha nada. Lo bueno es que no es un paper aburrido, hay una necesidad de manifiesto. Y esa necesidad es impuesta por la época, que cada año que pasa vuelve hostiles a las ciudades y expulsa a los que apenas llegamos a fin de mes. O como me dijo un amigo: “Buenos Aires es un club exclusivo de amigos”. ¿Había dicho exclusivo o restringido? No me acuerdo, pero de lo que sí me acordé fue de la Selección Argentina, y del club de amigos de Messi en que se había convertido la Selección.

29 de abril, 2026

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Una guerra en paz
Bárbara Pistoia
Marciana, 2025
202 págs.


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