En los años de la web 2.0 hubo un dominio de blogspot que se destacaba entre aquellos dedicados a la música: “cuentosdelpescador” era su nombre, pero la etiqueta del título del sitio era (aún es) “Fischerman's Tales”. Detrás de esta traducción hay un juego de palabras entre la palabra inglesa “fisherman” y el apellido del autor del blog. No creo haber sido el único que descubrió en esa página una ventana, un escritorio de trabajo personal donde convivían ensayos listos para su publicación, reflexiones breves, recomendaciones de músicas “universales” y de amigos, todo con esa profusión de hipervínculos que ponía la información “a un clic de distancia”, con una arquitectura que entonces nos fascinaba aunque ahora parezca un formato saturado si se lo opone al recorte corporativo de la red social en secuencia.
El autor del blog era Diego Fischerman, figura insoslayable de la reflexión musical en las últimas décadas. Quienes hayan leído textos como Efecto Beethoven o El siglo XX y más allá sabrán que su pluma es capaz de construir sólidas reflexiones, cruzar estéticas y encontrar lo particular en lo general (y viceversa), así como también ofrecer la claridad metódica y rigurosa de un manual para principiantes. Su último libro, Hoy desperté cantando esta canción. Canciones populares: una historia argentina, parece tener un espíritu múltiple. Hay algo de mesa de trabajo, de blog (o mejor, de playlist) pero también hay una secuencia, un hipotético “manual” y quizá, aunque velada, haya una tesis, una idea que unifica el texto aunque es distinta a todo lo dicho. No sería casual que la última dedicatoria del libro sea “A los fantasmas”.
En casi noventa capítulos, algunos muy breves, Fischerman recorre la historia de la canción popular argentina desde “Mi noche triste” (1916) hasta “El mar de Gerardo” (2022) de Fito Páez. Un siglo y algo más, lapso que parece encajar, como una transparencia, sobre la historia de la industria discográfica desde su consolidación comercial hasta, quién sabe, su declive. Una selección cuya premisa es el orden cronológico y salta de una serie a otra: la del tango, la del folclore del centro y noroeste, la del litoral. La lista de canciones cruza la ebullición de los años sesenta y setenta con la mirada tierna de quien vuelve a su educación sentimental (Fischerman nació en 1955) y planea sobre la argentina posdictadura a una cierta distancia, sin privarse de algunos vuelos rasantes en canciones puntuales. Aunque son las canciones, aisladas, las que encabezan cada episodio (salvo algunos que, una vez entendida la regla, se centran en un disco o en dos canciones pareadas), lo que se despliega luego no es solamente un análisis de la obra en cuestión. Cada título funciona, más bien, como un estenopo, una grieta por donde vemos una escena con multiplicidad de historias: la de un género, la de una época, la de autores e intérpretes.
Los músicos hablamos mucho de la forma de una obra. A veces, en oposición a lo superficial, a lo más rápidamente audible, la forma garantiza una identidad más profunda. En cierto sentido, Hoy desperté... logra reflejar en su forma fragmentaria la lógica de la música discográfica, cuyo impulso es de mercado: una sorpresa tras otra. Si hay una historia, es siempre la historia del último lanzamiento, y toda narración es, en principio, una publicidad. Pero dentro de este texto-batea se enreda un cableado que arma, por así decir, algunos “grandes relatos” posibles. María Elena Walsh, Mercedes Sosa, Roberto Goyeneche, Charly García, son personajes recurrentes en esta colmena. Lo son también las canciones, en especial en aquellos géneros donde la reversión es la regla, y un mismo tango viaja del treinta al setenta o se presenta varias veces en la voz del mismo cantante. Diego Fischerman escribe como si toda la información pertinente estuviera al alcance, su trabajo es escoger aquella que nos lleve por el sendero que imagina para los lectores. A veces nos sorprende con conexiones inesperadas (¿hipervínculos?), otras veces su conocimiento de biografías, anécdotas y hasta malentendidos históricos en el sentido de algún verso nos ilumina y nos inquieta: ese efecto psicológico de querer cerrar el libro para ir a escuchar es, quizá, su mayor logro.
Se ha dicho que todo libro que no encerrara su contralibro debería considerarse incompleto. Hoy desperté... tiene como contraparte no un libro, sino una lista, una pila de discos. Sonidos atrapados. Fantasmas.
26 de agosto, 2026

Hoy desperté cantando esta canción. Canciones populares: una historia argentina
Diego Fischerman
Debate, 2026
320 págs.