El primer impulso ante poemas contemporáneos donde un yo urbano habla de sus padecimientos, afecciones, obsesiones, de drogas y de sexo, bien podría ser uno de rechazo ante el interminable aluvión de textos confesionales en primera persona con cortes de línea que parecen tan arbitrarios como aquellos autoproclamados poemas resultan irrelevantes. Pero asimismo, siempre vale la pena detenerse y leer (¡leer los libros como tales!), porque existen las excepciones que comparten algunos de dichas características, pero que hacen con ellas algo muy distinto. Es lo que ocurre con Los poemas pornopsiquiátricos de Melina Alexia Varnavoglou.
A falta de prólogo, puede ser útil recurrir al colofón para saber cómo y dónde se ubica un libro en su contemporaneidad. En este caso nos deja saber que el libro se imprimió en febrero de 2025, mientras que los gobiernos de Milei y de CABA bloqueaban los contenidos ESI, y a un año de una modificación grave de la Ley de Salud Mental. Con ello la producción misma del libro se inscribe en un marco sociopolítico y materialista, en el mejor de los sentidos. Esa auto-ubicación indica que estos poemas, aunque de fuerte impronta subjetiva, se elevan desde la experiencia individual para brindar un retrato de época.
El título pone a la par tres cosas: poesía, porno, psiquiatría. La prominencia de esa letra-amalgama es muy sugerente, ya que también es la letra de la pregunta, del padre, de la patología, de la pierna, del pato (que en alemán, idioma que la autora sabe, es Ente, lo cual, a su vez, nos lleva a la philosophía), de la promiscuidad, del peso (argentino), del parto, de la pasión, de la palabra y del problema, y, en no menor medida, de lo político. En ese sentido se trata de poemas condicionales, ya que la pregunta en todo momento es cómo hacer una vida, pero siempre es una vida en contexto, con el incesable interrogante por sus condiciones y condicionamientos: la conditio humana, las condiciones psico-físicas, las condiciones político-sociales, los condicionantes circunstanciales.
Un poema como Diario viejo podría no llamar mucho la atención fuera de su contexto: “Más o menos lo mismo de siempre:/ no olvidarme de tomar la medicación/ cómo pagar el dentista, temas de la poesía”. Pero ante los textos que lo rodean, está claro que la preocupación del yo de estos poemas es una preocupación total: por la propia salud, por la habilidad de poder responder bien a las propias necesidades, por la situación financiera, y por cómo se relaciona todo eso con la escritura poética. En numerosos poemas del libro juegan un rol importante las pastillas, las visitas médicas, las dolencias físicas –hasta hay una sección titulada Desdentada. Pero no son textos autocompasivos, y el dolor siempre se ve enmarcado en un entorno más amplio: “Está ese poema de Raimondi acerca del dolor de muelas/ que plantea que la pasión es una cuestión retórica/ frente al dolor de muelas, que ʻmolesta en verdad'./ Básicamente no estoy de acuerdo:/ Queda una farmacia abierta/ pero no puedo trasladarme hasta ella,/ el dolor me lo impide y no hay ni un taxi,/ porque todos los que vuelven de la fiesta/ los ocupan con sus sonrisas brillantes”. La mente es imparable y requiere de tratamiento médico, pero al mismo tiempo nunca se patologiza, sino que busca lo político y lo social en todo ello: la mente “convoca a una asamblea/ que no termina/ hasta que cada uno de los presentes/ se haya pronunciado”. De hecho, la primera sección de poemas se llama Testigo del desajuste, y lo testimonial acá es justamente eso: dar cuenta del enajenamiento constante del cuerpo y de la mente en cuanto condición relacional con el mundo.
Así también se entiende el FOMO, o sea el constante miedo de estar perdiéndose algo, como condición de época (hay dos poemas que llevan ese título, aunque otro poema diagnostica que “la ansiedad es el mal de época”): “¿Por qué si nunca hasta ahora lo deseaste,/ ese bebé recién nacido compite en frustración/ con las fotos de un viaje a Tailandia/ que una pareja amiga de lesbianas/ hizo para su luna de miel?”. El deseo puede resultar condicionado por afuera. La pregunta por el cómo de esa vida, que es vida intelectual, femenina, argentina, depresiva, activista, fragmentada y caótica, es, en esencia, una pregunta por el goce. Eso también significa que estos poemas no son pornográficos. Lo que sí hay es erotismo, sexo e introspección, pero todo cuidadosamente trabajado por el lenguaje poético, la forma poética, hasta donde se habla de Adult Baby Diaper Lovers, o de la masturbación infantil: “El parte del ginecólogo infantil decía/ que además de prohibírmelo, debían/ mandarme a hacer algún deporte/ pero qué sabe usted, doctor/ de las cosas que una niña/ puede hacer con la energía”.
Algunos de los poemas tematizan la inmensa soledad que implica la decisión de sostener el pensamiento y la escritura: “nadie va a prestar atención por mí” ‒así cierra el libro‒, en un poema que se pregunta justamente acerca de la relación entre las palabras en la escritura poética, y la vida. Pero en otro se revela un goce también por la conciencia acerca de la importancia del propio obrar: “cuando escale la vejez/ voy a escribir mis mejores poemas/ con todas las arrugas a la vista,/ ellas frente al espejo estirando su piel/ en un lánguido lifting/ de pronto se detendrán a pensar porqué/ no dejaron nada escrito”. Con este libro, Melina Varnavoglou brinda una radiografía precisa de nuestros tiempos y muestra la capacidad analítica de la poesía.
5 de agosto, 2026

Los poemas pornopsiquiátricos
Melina Alexia Varnavoglou
Nebliplateada, 2025
80 págs.