Se sigue hablando y escribiendo sobre Dante probablemente para demostrar que no se puede hablar ni escribir más sobre Dante. Esta imposibilidad pide ser entendida como un correlato –el correlato por excelencia– de la imposibilidad del propio Dante hacia Beatrice, según él mismo se confesó en dos tercetos de la Comedia: “Dal primo giorno ch'i' vidi il suo viso/ in questa vita, infino a questa vista,/ non m'è il seguire al mio cantar preciso;// ma or convien che mio seguir desista/ più dietro a sua bellezza, poetando,/ come a l'ultimo suo ciascuno artista” (Desde el día que vi su rostro/ en esta vida, hasta esta vista,/ mi canto no ha dejado de seguirla;// pero conviene ahora que desista/ de seguir su belleza en el poema,/ como artista que tocó el linde de su arte) (Paraíso, XXX, 28-33). La diferencia es que la imposibilidad de Dante sobreviene al final del poema, y la de quien escribe sobre Dante, al principio.
Fabio Stassi supo esto en el instante mismo en que le pidieron que hablara en el festival Dante Assoluto, en la Basílica de Majencio, sobre “el poder terapéutico de la poesía de Dante”. Lo primero que sintió, según dice, fue pánico. Toda su conferencia se despliega como una curación –con la estación intermedia de la melancolía–, cuya meta es la dicha, de la que el pánico queda desterrado. El itinerario de Stassi es un modelo en escala del dantesco, que exhibe su forma última en la Comedia, pero que la precede.
Stassi empieza acumulando las somatizaciones de Dante tras los encuentros con Beatrice: vahídos, taquicardia, espasmos. Todo en Dante es cuerpo, espíritu corporizado; él y Beatrice son eso.
Habrá que repetir siempre que Beatrice no es una alegoría de ningún tipo; fue y es, en primer lugar y en último lugar, una mujer de carne y hueso. Nadie lo dijo más resueltamente que Romano Guardini: “Para Dante, Beatrice lo fue todo: expresión de la gracia, prenda y exigencia de lo más elevado, esencia de la belleza, pero nunca dejó de ser, tampoco, esa determinada criatura humana que antes fuera. Si se privara a Beatrice de este carácter histórico, se perderían no sólo los encantos esenciales del poema, sino también su sentido íntimo”.
Stassi no parece haber leído a Guardini (la bibliografía que administra suele ser más bien superficial, de librería de cadena más que de biblioteca), pero su conferencia sigue de todos modos esa línea que parte del hombre Dante y llega al hombre Dante ya curado. No tiene mayor sentido averiguar a quiénes podría curar su poesía: lo único que tiene algún interés es cómo la poesía lo curó a él mismo (y esto siempre, claro está, que se acepte que semejante investigación terapéutica del poema tenga de por sí importancia). Dante vendría a ser algo así como un patólogo cuyo corpus inicial es el propio. Su obra entera –la de Dante– es para Stassi una incesante autobiografía, más cruda en La vida nueva, más velada en la Comedia, y esa autobiografía (“Dante se pone a sí mismo en el centro de sus obras como personaje [...] Dante escribe siempre en primera persona”) fue la vía de Dante para curarse a sí mismo y para salvar y condenar a los otros tras haber comprobado su propia flaqueza. A golpes de comentarios, se va contando la vida.
La dicha es la salud y la salvación, y Dante está curado ya antes de entrar al Paraíso. Esto queda dicho por Virgilio en unos versos del Purgatorio, versos que, inverosímilmente, Stassi no cita: “Non aspettar mio dir più né mio cenno;/ libero, dritto e sano è tuo arbitrio,/ e fallo fora non fare a suo senno:/ per ch'io te sovra te corono e mitrio” (No esperes ya mi palabra ni mi gesto/ libre, recto y sano es tu albedrío/ y sería una falta no seguirlo/ por eso te mitro y corono. (XXVII, 139-142)
En innumerables planos, la Comedia continúa la Eneida. Virgilio es para Dante “il nostro maggior poeta”, aunque no por el mero dominio artesanal del verso (esto le cabe a Arnaut Daniel, miglior fabbro del parlar materno). Lo que distingue a Virgilio del resto, según fue señalado incansablemente –así lo hicieron, cada uno a su manera, Theodor Haecker, Gilbert Highet, Mark Strand– es la fijación melancólica de la transitoriedad y la obsesividad de la atención puesta en la eternidad –aun en plena acción desbocada de la epopeya– como bien prometido, reflejo invertido y todavía irreconocible de la guerra, la paz. En la melancolía hay un resto de la acción en la tierra, un resto que la transfiguración del poema retiene indoloro.
La Comedia anula la oposición entre sucesión y simultaneidad, y por eso cualquier punto de fuga que se elija para leerla (la topografía, la música, la mitología, la medicina) dará por fin la figura total. El artificio de la Comedia es que está instalada en la eternidad: ya pasó y sigue pasando y no pasa más. Stassi no lo ignora (“El tiempo de Dante es inmóvil y horizontal; pertenece sólo a la forma, está en el número de cantos, en el número de versos, no en la percepción histórica de los acontecimientos”), y aún sabiéndolo se desentiende de la constatación, e insiste en servirse de la Comedia –y en servírnosla– para que entendamos cosas diversas y nos consolemos de la pandemia (la ponencia está fechada en julio de 2021, lo que explica acaso la recurrencia de alusiones), de las guerras, de la inmigración y de varias otras causas justas. Pero, igual que Beatriz, la Comedia no es alegoría de nada ni por lo tanto esclarece nada en ese sentido. La salud que a Stassi se le escapa sin remedio es la habitación en la realidad sobrenatural del poema de Dante en la que nada admite explicación fuera de ella.
2 de septiembre, 2026
Y de todo mal me sana un buen verso. Breve discurso sobre Dante, la poesía y el dolor
Fabio Stassi
Traducción de Andrés Barba
Acantilado, 2026
124 págs.