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Cry Macho

Clint Eastwood


Guillermina Acosta


Clint tiene 91 años. Y sigue activo. Dice sus líneas con el convencimiento de siempre. Maneja autos, arroja un manotazo viril, trota despacito un caballo cansado. Protagoniza, produce y dirige sus propios proyectos. Pero me niego a elogiarlo solo porque sigue activo a su edad. No por eso.

En todo caso, porque puede mantener en vigencia, más o menos, la calidad de sus composiciones filmográficas. Sus últimas entregas han perdido en potencia, pero la emotividad que resuma de ellas las apalanca mínimamente. La mula, su anterior producción, era un claro ejemplo de ello.

Con Cry macho pasa algo semejante. Une se mantiene expectante, tiene esperanzas y expectativas, intereses y deseos en juego. Pero la cinta arranca y poco a poco el interés se diluye.

Mike Milko (Eastwood) fue un experto y reconocido domador de caballos, pero su carrera y su estrellato se vieron interrumpidos por un temprano accidente. Otro accidente, automovilístico esta vez, lo dejará viudo y sin hijo. De ahí su caída en el alcohol, su decadencia. Conseguirá trabajo como seleccionador de caballos. Trabajo que irá, como todo en él, deteriorándose. Su ex jefe, a modo de reclamo final, le pedirá un último encargo. Reclamo para un joven, brioso cowboy, no para éste, que se mantiene en pie con toda decencia pero que está en las últimas. Que vaya a buscar a su hijo a México, que lo arrebate de las garras malévolas de su madre latina y se lo devuelva. A su ex jefe, un padre cobarde que no tuvo el coraje de estar presente en la crianza y vida del niño.

De un tiempo a esta parte los films de Eastwood están pelados: carecen de toda escena, de toda línea, de todo personaje, que esté de más. Esto, que en cualquier film o poética sería una desventaja, le infiltraría a los últimos de Eastwood una vida de la que carecen. Clint, se entiende, quiere ir al hueso de la historia. Al corazón de los personajes. Pero, en sus últimas producciones, esta economía les quita fibra, productividad, pulsión vital a sus narraciones. Esas escenas, esos cuadros y diálogos en los que se demoró, por ejemplo, en Los imperdonables, su western de hace casi 30 años. O en la tensión y en el vigor de El francotirador, su no tan lejana obra, estrenada en 2014.

El pobre casting del film suma dos irremontables actuaciones. La del joven Eduardo Minet (Rafa, el hijo del ex jefe al que debe ir a buscar Clint). Y la de su padre (Dwight Yoakam), el ex jefe en cuestión. O tal vez sea imaginaciones mías. Tal vez sea que quedan muy por debajo de Eastwood, que demuestra en una de sus últimas obras que se ha convertido en un verdadero actor. En una presencia que interpela nuestros ojos, nuestra atención, nuestro corazón. Y que no podemos, que no podremos jamás, dejar de verlo cada vez que aparezca en pantalla.

3 de noviembre, 2021

Cry Macho.jpg Cry macho
Dirección de Clint Eastwood
Estados Unidos
94 minutos


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