Durante los últimos años se han publicado ensayos que intentan explicar, con suerte adversa, el desconcierto ante el ascenso de los neofascismos en buena parte del mundo. El triunfo de Javier Milei en las elecciones presidenciales de 2023 hizo que este fenómeno global conociera una grotesca inflexión local. Sin entregarse a la melancolía de izquierda ni al cinismo, Luis Ignacio García aborda en Fascismo cosplay las particularidades de este presente en el que la crueldad se convirtió en discurso de Estado.
Los textos que lo integran fueron publicados originalmente como posteos en Instagram. Guiado por Walter Benjamin, utiliza las tecnologías del presente para su intervención: las redes con sus características innatas (el límite de caracteres, la lectura fragmentaria) le dan la posibilidad de ejercer una escritura experimental tanto en su forma como en el abordaje teórico-político. Sin embargo, la experiencia de lectura original es radicalmente diferente en el formato libro. Si la escritura en Instagram implicaba “intentar pensar la condición social de nuestra descomposición” desde “uno de los medios más característicos de esa descomposición” el marco de lectura ahora es otro: un conjunto de fragmentos que, a la manera de un diario, encuentran sus iluminaciones en el montaje.
El autor afirma que el fascismo en su actual versión “cosplay” es diferente al del siglo pasado. Ya no necesita legitimarse en esencialismo alguno sino que se exhibe como una puesta en escena farsesca. Por eso, el ejercicio del desenmascaramiento propio de la crítica del siglo XX ya no tiene sentido ante este nuevo régimen de poder. Insistir en señalar inconsistencias teóricas o falsedades en sus discursos es una tarea destinada al fracaso. La crítica, si no quiere sucumbir a la esterilidad de la indignación moral, debe actualizar sus herramientas teóricas y políticas.
No sin razones, el progresismo viene siendo objeto de cuestionamientos por izquierda y por derecha. Sin dejar de reconocer algunos de sus errores (el regodeo en la victimización, la desatención al sufrimiento de buena parte de la población), García no cae en la tentación de golpear su cuerpo magullado. Por el contrario, señala el riesgo de entregarse a un “trumpismo de izquierda” que, en nombre de una ilusoria realpolitik, está dispuesto a reestablecer posiciones reaccionarias.
El lenguaje y sus potencias performativas ocupan un lugar central en el análisis: en Twitter hay “flujos de palabras que se tornan hechos en función de su aceleración”, lo “incel” o “woke” son categorías gringas poco operativas en nuestro contexto, el neofascismo ofrece una “gramática de la desintegración para una sociedad desintegrada por la violencia del capital”. La palabra aparece como síntoma pero también como campo de batalla. “Si el entumecimiento es involuntario, la vigilancia crítica se vuelve imperativa: hay que escribir”. ¿Pero es posible una escritura crítica en tiempos de posverdad digital? La apuesta es por una escritura situada en el umbral entre la concentración propia del siglo pasado y el vértigo de la circulación de información propia del universo de redes.
Fascismo cosplay exhibe una biblioteca amplia. En ella conviven nombres de filósofos (Lyotard, Mark Fisher, Nietzsche, Marx, Nancy Fraser, entre otros) junto con figuras provenientes del campo literario y artístico (Bertolt Brecht, Vicente Luy, Kafka, Pasolini, etc.). García discute con el “Iluminismo burgués” de Habermas y, en términos más duros, con el “Iluminismo oscuro” de los pensadores de la derecha aceleracionista como Nick Land. También lo hace, en las que quizás sean las páginas más interesantes para el lector argentino, con exégetas de los tiempos mileístas como Pablo Semán y Martín Rodríguez, a quienes les reprocha cargar demasiado las tintas sobre las responsabilidades del progresismo y su agenda de derechos.
Si bien estos posteos fueron escritos a la luz de la coyuntura inmediata, las iluminaciones (por ejemplo, que el arte contemporáneo fue una suerte laboratorio anarcocapitalista), la estructura que invita a la relectura y la prosa elegante posiblemente le aseguren una sobrevida mayor a la del presente desquiciado que estamos viviendo. El interés por la fuerza política de la estética no se limita a la exhibición de sus lecturas: como Alberto Giordano en sus diarios de Facebook o Jorge Fondebrider en sus cuentas de Instagram, Luis Ignacio García hace que su escritura aspire a ese anacronismo obstinado que es hoy la literatura.
6 de mayo, 2026

Fascismo cosplay. Crónicas del desconcierto en el laboratorio argentino
Luis Ignacio García
Caja Negra, 2026
224 págs.
Crédito de fotografía: Pablo Martínez.