Acumulando frases secas aunque ligeramente torcidas, sin organizarlas alrededor de un gran conflicto, Nicole Flattery confecciona en Nada especial una novela que parece girar en torno a una serie de situaciones que se repiten y van dibujando el lugar incierto que ocupa la protagonista en el mundo y, de paso, la relación igualmente ambigua que la novela establece con la experiencia artística.
Mae, una adolescente irlandesa de diecisiete años, abandona la escuela y consigue trabajo como mecanógrafa para Andy Warhol en The Factory, el mítico estudio que el artista inauguró en 1963. Su tarea consiste en transcribir grabaciones de las conversaciones que Warhol mantiene con quienes lo rodean, un material destinado a convertirse en una novela experimental. Nada de crear u opinar; Mae solo escucha y copia. Está atrapada entre el deseo de participar de algo extraordinario y la constatación de que su rol es puramente instrumental.
Flattery evita convertir The Factory en el centro espectacular de la novela. Por el contrario, la experiencia de Mae está marcada por la monotonía, la repetición y una inefable sensación de vacío. Las conversaciones que transcribe no son brillantes ni reveladoras; muchas veces son triviales, torpes o directamente tediosas. Lo que Mae presencia no es el nacimiento de una obra sino su registro mecánico, lo cual, claro, introduce una distancia que la novela está lejos de querer salvar. A diferencia de Warhol, que importa la lógica del consumo al arte, Flattery trabaja con lo dicho.
En paralelo, el relato sigue la vida privada de Mae: su relación con su madre, su amistad con Shelley, sus primeros encuentros sexuales, su incomodidad frente a su propio cuerpo y a las demandas implícitas del mundo adulto. La familia y los vínculos afectivos aparecen marcados por una mezcla de desapego e ironía defensiva, pero también por una lucidez precoz, que salva la prosa de irrelevancia.
Mae pasa buena parte del tiempo mirando a los demás, pero casi nunca ocupa el centro de la escena. En esa posición despareja de estar en el mundo hay más respuestas que de decisiones. Cuando aparecen la violencia, el abuso o el desgaste emocional, lo hacen de manera integrada al fondo de la historia, como si no merecieran un tratamiento especial. Esa neutralidad aparente, esa distancia, funciona como una objeción silenciosa a los relatos de aprendizaje que dan por sentado que toda experiencia, simplemente por ocurrir, deja alguna enseñanza.
No hay en todo esto ninguna transformación personal. Mae no pierde la inocencia ni encuentra su voz; las cosas le parecen igualmente próximas y ajenas. Es como si la figura espectral de Warhol, su infinita indiferencia, contagiara a todo el libro. Más que un relato de formación, Flattery escribe la historia de contraaprendizaje: la de alguien que entiende que no siempre hay algo que aprender.
28 de enero, 2025

Nada especial
Nicole Flattery
Traducción de Paula Galindez
Eterna Cadencia, 2025
264 págs.