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Por un mañana voluptuoso

Alain Robbe-Grillet / Bruno Grossi


Silvio Mattoni


Quizás este libro debiera empezar a leerse por los textos que inspiran su título, los de Alain Robbe-Grillet, artículos, suerte de panfletos, entrevistas, que abarcan casi dos décadas (de 1974 a 1985), en torno al erotismo. Aunque sería demasiado fácil decir que se trata solo de eso: el problema del erotismo en la literatura y en el cine, como si fuese un debate banal. Robbe-Grillet se refiere a su obra, sus novelas y sus películas, pero no pretende explicar las imágenes sexuales que aparecen en ella, que en parte la justifican, la estimulan, la hacen existir. Más bien quiere borrar la distinción moral entre un contenido erótico tolerado, cultural, y las imágenes llamadas pornográficas, excluidas del terreno artístico (o escandalosamente incluidas, da igual). Lo que le importa es la excitación, no el concepto que pueda desprenderse de lo que excita. Así, en primer lugar, se destaca la crueldad: lo que excita no tiene en cuenta el peso de dolor que cae sobre la escena de su deseo. Incluso en la literatura, esa persecución de lo que excita llevaría a la destrucción imaginaria de todo lo que rodeaba la escena de su crueldad: “toda literatura tiene como punto de partida la torsión, la dislocación y la destrucción del universo que rodea al novelista”, escribe Robbe-Grillet. Y es como si quisiera despejar el espacio, con ese desdén por la escenografía típico de la pornografía: se trata de escribir el anhelo de contacto o el pago del contacto, su intercambiabilidad, no la escena y su abstracción.

De alguna manera, si el problema moral de la pornografía es su falta de contenido, su pura exhibición sin mensaje acerca del sexo, entonces la literatura debiera identificarse con ella, antes que con la sublimación del erotismo, es decir: literatura y pornografía coincidirían en su formalismo, no tienen nada que decir, solo efectos que producir. Si la literatura pretende afectar los cuerpos, y no las posiciones, entonces se abstiene de los contenidos o los usa como accesorios, vestuarios, prótesis, elementos excitantes, tal como le enseña la pornografía, más antigua que cualquier género. Las poses voluptuosas no serían posiciones a su vez, como la más banal de todas que distingue un arte sin interés sexual del uso práctico de las imágenes pornográficas.

No obstante, la transformación en manifiesto de esas defensas antimoralistas de las imágenes sexuales por parte de Robbe-Grillet se debe más bien a Bruno Grossi, su antólogo y traductor, ya desde el título, extraído de una declaración y que parece anhelar otra clase de revolución, como si dijera: ¿a quién le importan las modificaciones sociales cualesquiera sean si tiene que reducir lo que más le importa, lo que desea, aun sin saberlo o sin querer saberlo? Porque lo que apasiona o lo que excita es algo dado, sin explicación, no tiene causa ni pretende promoverse. Un determinado fetichismo no pretende convertir a todos a su manía preferencial, que quizá entonces perdería su legítima rareza, pero acaso la literatura sí pretenda que cada cual cultive su íntimo fetichismo, sin razones, sin igualitarismos de ninguna índole.

El breve tratado de Grossi que introduce los escritos y las declaraciones de Robbe-Grillet revisa entonces el desplazamiento aparente de su obra, central en el interés novelístico de los años 50 y 60, hacia ese margen en el que campea su estandarte de la excitación y sus películas en algún momento escandalosas. Para nosotros, en este rincón sudamericano tan permeable a los cambios de moda parisinos, su nombre seguía adherido a la nueva novela, a la defensa del procedimiento descriptivo, a una forma de narrar sin identificaciones, sin psicologismos, con predominio de los objetos, con un fraseo obsesivo y a la vez rítmico, que influía en las escrituras locales más reacias a las tradiciones de una elocuencia personal y de una exposición sentimental. Poco se sabía de su lectura de la imagen sexual, de sus usos, aun cuando la mirada y su movimiento, ese escudriñamiento del que mira y registra cada detalle, era evidentemente un punto de vista intensificado, o sea: la persecución de lo que excita. Grossi nos inventa aquí un nuevo Robbe-Grillet, el de la nueva pornografía, que deberá ser hecha por todos y no por uno, parafraseando a un francés más antiguo. Para el pornógrafo, dirá Grossi, las imágenes deberían ser juzgadas no en términos de su mayor o menor grado de exhibicionismo sexual ni por sus intenciones previas, “sino quizás por su efectividad: si excitan o no, si producen un giro reflexivo sobre el propio placer o no, si abren la vida hacia una dimensión más emocionante o no”. Como el deseo de escribir o el vicio de leer, agregaría que la pasión no se elige pero sus objetos tal vez sí, y en eso consiste el verdadero juicio. En busca de una forma más excitante que la manera objetiva del narrador voyeur, tal vez Robbe-Grillet hace señas hacia la ecuación más originaria: la escritura es una excitación, que puede invertirse.

13 de abril, 2026

Por un mañana voluptuoso.jpg

Por un mañana voluptuoso
Alain Robbe-Grillet y Bruno Grossi
Nube Negra Ediciones/Bulk editores, 2026
164 págs.


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