Al reflexionar sobre el género ensayo, G. K. Chesterton, con la iluminadora sencillez de su pensamiento, señala que esta forma de escritura, por su “comodidad” y “libertad”, “no explica con exactitud lo que quiere hacer y así elude un juicio decisivo sobre si lo ha hecho realmente”. Lo cierto es que en este dominio de la literatura se permite y se alienta el fluir disquisitivo sobre una idea, o varias, sin las constricciones y vigilancias que imponen las tesis u otras manifestaciones de la denominada “escritura académica”.
En ese marco de autonomía analítica, María Lobo encuentra el registro perfecto para, con una prosa fluida y amable con el lector, plantear un problema de la literatura argentina y latinoamericana contemporánea, identificando sus orígenes y sus causas, los posibles efectos en el imaginario colectivo y desplegando, con fundamentos y categorías convincentes, un muestrario de autores y de obras que rehúyen o rechazan los estereotipos consolidados sobre nuestro continente. De esta forma, Tierra acostumbrada se nos ofrece como un largo ensayo dividido en veinte capítulos, o bien como un conjunto de ensayos más breves, que se articulan en lo temático y en la constante interpelación que la autora –impostando una suerte de voz lírica, recurriendo a un tono y a un estilo poéticos–, le dirige indistintamente a Latinoamérica o a América, lamentándose de la falsedad que adolecen las representaciones que, en gran parte de su literatura, se realizan sobre ella. Con la estructura de un díptico, el libro de María Lobo despliega, en una de sus caras, la documentada y certera crítica de la literatura que obedece o que es funcional a un proyecto político y cultural y, en la otra cara, diversas propuestas literarias que se desvían y se alejan de los lugares comunes de las escrituras en el presente.
La hipótesis o la idea rectora que guía los textos de la primera parte de Tierra acostumbrada podría condensarse en la sospecha de que (en la mayoría de) la literatura que se publica en Latinoamérica –aunque muchos de los ejemplos mencionados se circunscriben al campo literario argentino– contiene un cúmulo de representaciones funcionales a un imaginario histórico e ideológico que postula la continuidad inalterada de la dicotomía civilización– barbarie; el primer término, prestigioso, establecido en y por la(s) capital(es) o centro(s) de poder y, la segunda, nefasta, que remite a una tradición que se remonta hasta más allá del polémico Sarmiento y que postula que el interior, la provincia, el campo son “un encadenado de pueblos” donde “respirar es difícil” y en los que reina el salvajismo, la violencia y la brutalidad, sin cambios desde la época en que se ambienta el relato fundacional “El matadero”, de Esteban Echeverría. Recurriendo a fuentes históricas y teóricas que se citan en, a veces, extensos pasajes, Lobo expande su diagnóstico revisando, entre otras, la contradicción intrínseca de los escritores “urbanos” que se afanan por narrar a América como una “sucesión de pueblos peligrosos”; las trampas que les tiende el costumbrismo y cómo este los lleva a describir el interior con una imagen de “espacio ruralizado”, “detenido en el tiempo, oscuro”, que repite una concepción aceptada y promovida por las clases dominantes, y el modo en que estas narrativas, en ocasiones celebradas por el público y la crítica, propagan proyecciones falseadas sobre la “realidad” latinoamericana.
El salto propositivo se produce en la segunda parte del libro, que tiene como bisagra el capítulo/ensayo “Levedad”, que replica el título de la célebre conferencia –escrita, pero no dictada– por Italo Calvino y discurre sobre este atributo que el inmenso italiano postuló para la literatura del próximo (este) milenio en sus lecciones americanas. Con esta impronta como música de fondo, los textos siguientes se centrarán, cada uno de ellos, en algunos casos “virtuosos”, que son destacados, justamente, por distanciarse del reduccionismo falaz de presentar a América como “un encadenado de pueblos”.
El primero de ellos es Sam Shepard, el actor, guionista y narrador norteamericano que en su dramaturgia y en sus cuentos y novelas, reimagina y reescribe el desierto de Mojave, el oeste de los EEUU. Lobo destaca en Shepard su capacidad de fantaseo, la posibilidad de “recuperar la imaginación” individual: “en tiempos de alienaciones e imaginarios dominantes, él viene a hablarnos de la necesidad de imaginar”. El siguiente, “Cristalización”, está dedicado al tucumano, al igual que la autora, Tomás Eloy Martínez, y a La novela de Perón, obra que, desde algunos artículos críticos y entrevistas a Martínez, le permiten trazar una puesta en valor de la “ficción verdadera” y del trabajo con “los desperdicios reconocibles de la memoria colectiva”. Luego son objeto de revisión la novela autoficcional de la escritora peruana Gabriela Wiener, Huaco retrato (2021), que cambia el eje centrándose no en aquello que la colonización nos ha quitado, sino aquello con lo que “nos ha cargado” y la obra del tucumano Eduardo Muslip, de quien Lobo valora su defensa del realismo –contra la censura y el ataque de los “Picassos de nuestro tiempo”– y su capacidad de transfigurar los paisajes y las geografías. Esta segunda parte, entonces, esta cara del díptico, muestra el derrotero de una lectora aguda y con fundamentos que, respaldándose en diversas fuentes literarias, críticas e históricas argumenta, ejemplifica y declama que es posible escribir otra literatura, otra narrativa que no se alimente de los mandatos, las imposiciones y el objetivo socio-político de los centros de poder.
Aunque como afirmaba G. K. Chesterton en su ensayo sobre el ensayo, las conclusiones que se esbozan carecen del rigor de las que podría construir una tesis, Tierra acostumbrada nos convoca a debatir sobre la literatura latinoamericana del presente, con un marcado énfasis en la argentina, llamándonos a pensar cuánto de lo que se escribe, de lo que escribimos, surge de la sumisa repetición de matrices ideológicas heredadas.
14 de enero, 2026

Tierra acostumbrada. El paisaje de provincias en el imaginario latinoamericano
María Lobo
Fondo de cultura económica, 2025
136 págs.
Crédito de fotografía: Juan Pablo Sánchez Noli.