Rutas, rieles y ríos son venas de la querencia. La fibra óptica que asfixia, también. Pero un río puede ser muchas cosas más. Maestro de música como el viento, el río es símbolo del paso del tiempo y espejo que invita al coraje de verse de frente; es custodio de quienes por él transitan y de sus vecinos, pradera, montaña, viento también. Es límite hermano o frontera infranqueable como una muralla; es maná y es, ¿cómo no?, trampa mortal de los ahogados, y testigo de gestas heroicas y de fusilamientos.
Estas son algunas de las 1001 caras que descubre Pedro Patzer en Tierra de ríos. Las venas de la identidad argentina, un libro que está en el anaquel junto a Historia de los ferrocarriles argentinos, Petróleo y nación, y Radiografía de la pampa, un libro lleno de historias, de pesadillas y de sueños por cumplir, que no de otra cosa están hechos los pueblos que quieren seguir siendo pueblo.
Como las personas, cada río tiene su impronta, su latido. Allá está el Limay, con sus represas que no tienen con qué contener la energía de la cultura, la memoria que el río transporta sin queja ni alharaca. Por acá, el Gualeguay, río de los charrúas, de los insumisos de Artigas y de Juanele. En nuestro corazón siempre estará el río Murrell de las Islas Malvinas, “el que jamás renunció a su destino argentino”. Además de los de renombre por eso de que “Dios atiende en Buenos Aires”, como el Paraná y el Río de la Plata, también está el Colorado, que marca el comienzo de un vasto territorio de identidades patagónicas; y entre otros, están el Río Grande de Jujuy, “hijo de la puna”; y el “río gaucho”, el Salado.
Los ríos son muchos y este país también. Pero no son incontables como los hermanos de don Ata. Este libro condensa cuarenta y cinco retratados con ojo de águila o cóndor, mas no de dron; y con una poesía que duele y no podrá copiar la mejor inteligencia artificial.
“¿Y si dios fuera una mujer?”, se preguntó Gelman alguna vez. “¿Y si Atahualpa Yupanqui fuera un río?”, se pregunta Patzer, quien responde que no sólo sería un río que canta, como todos al fin, sino también memoria viva de los herederos de Santos Vega, de los zafreros, de los que no están vencidos ni aún vencidos.
Todo río es “el alma de la tierra”. Como Las ciudades invisibles de Calvino, a conocerla invita Patzer, quien descubre ríos robados y recuperados, como el Atuel, pero también otros que no conoce el GPS, como el de los trenes, el del Chacho Peñaloza, el de Segundo Sombra y el de la Difunta Correa.
Hubo un tiempo comunal, un tiempo largo que duró desde antes del cuento alrededor del fuego hasta que alguien inventó una pantallita que nos entretiene y separa. Patzer dedica su vida a rescatar un ideal comunal perdido, en particular, “nuestro destino sudamericano” negado cuando decidimos ser “la Europa de Latinoamérica”. En busca de esa identidad se mueve como cronista, poeta, dramaturgo y guionista, oficios que ejerce con la pasión de predicador de la vida en común que es.
Bañados por los ríos de este país, estamos hechos del mismo barro recuerda Patzer, quien desde El Tahiel a esta joya rescatada de los ríos por Sudestada, pasando por su Aguafuertes provincianas, se vale tanto de la cultura popular como de la letrada. Por sus ríos de tinta corren gauchos matreros e indios perseguidos, Eisejuaz y Saer, los jesuitas y Arlt, el Fray Mamerto Esquiú y Sarmiento, Conti y Kusch, Atahualpa y la revista Billiken, Homero Manzi y Borges.
Dioses, héroes y villanos; un origen, un destino o al menos un sentido; como una religión, la Historia no busca dar con otra cosa. Amén de guía turística de un país que no conocemos, Tierra de ríos es un gran libro de Historia, de la historia nuestra que haríamos bien algún día en recordar.
Patzer no paga tributo a los caretas de Greenpeace, sino a un Papa que exhortó a “defender la casa común”. No se anda con chiquitas. Es un escritor en serio, de los pocos que obliga preguntarnos quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos.
No son preguntas de jetón en la Feria del libro o de estrellita de Youtube. Río caudaloso que lleva y trae chamamé y leyendas, historia oral y escrita, anecdotario pueblerino y cartografía militar, milonga o kultrún; Patzer es sabio coplero que le importa pasado, presente y futuro de la tierra que pisamos. Animarse a leerlo es también encontrarse desde una incomodidad que pide dejar de ser este manojo de nervios y quejas sin ton ni son, sin unidad ni destino.
14 de enero, 2026

Tierra de ríos. Las venas de la identidad argentina
Pedro Patzer
Sudestada, 2025
128 págs.