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Vírgula

Sasja Janssen


Horacio Maez


¿Cuántas autoras de los países del norte de Europa podemos nombrar? ¿Cuántas de ellas escriben poesía y son traducidas por editoriales argentinas?  Sin dudas el número es bajo y responde a varios factores. Pero seguramente lo más importante cuando se piensa en la literatura traducida es ¿qué tiene para aportar la autora elegida a los lectores? ¿Qué, en la escritura, en la temática o la forma, trae algo novedoso? Y en esto, en general, editores y traductores son quienes realizan el primer movimiento. Sobre todo, cuando se trata de pequeñas y medianas editoriales. El deseo, generalmente, responde a compartir una lectura que gustó.

Sasja Janssen nació en 1968 en los Países Bajos, además de poeta es novelista. Vírgula, que la editorial Serapis con traducción de Micaela van Muylem publicó este año, es de 2021. En este libro, catorce de los veintitrés poemas que lo componen comienzan así: “Vírgula” y los nueve restantes con “Te invoco”. ¿A qué responde esta repetición? ¿A remarcar una monotonía? ¿A remarcar los comienzos? Y si es así. ¿a decirnos qué de los comienzos o de la monotonía?

“Vírgula” funciona como vocativo, invoca. ¿A quién? ¿Qué presencia es solicitada? ¿O acaso es añoranza? Y en ese caso, ¿qué es lo que se añora en este texto que, desde el comienzo, desde el epígrafe de Vasalis, el sueño está presente y la frontera con la vigilia desdibujada?

Un verso de la segunda estrofa del primer poema dice: “te escribo porque nunca respondés”, y más adelante en la estrofa seis de ese mismo poema: “escribo porque no puedo pronunciar nada / escribo porque la partera hunde en mí su azada / escribo porque me avergüenza mi cría”. De ese núcleo van a expandirse las líneas que componen este libro. Se escribe porque se pide escuchar al otro, pero también para pronunciar, porque el cuerpo es tocado, porque hay descendencia.

¿Y si a esto le sumamos “Vírgula” como pausa en la continuidad, como espacio vital de respiración, de composición, de contemplación? Espacio de detención que liga y a la vez nos da aire, siempre necesario, para que lo vivo subsista. Y lo vivo en estos poemas es el cuerpo. El propio del yo que enuncia, el cuerpo de mujer, el cuerpo materno, también el del otro, el que disfruta, al que violentan o el que violenta. El que sufre y enferma.

Y claro, aparecen sus sentidos más vitales. El tacto, el olfato, el gusto. Dirigidos al propio cuerpo y al ajeno. Está la mirada expresada en la descripción del entorno, pero mucho más importante es el contacto, el cuerpo a cuerpo. La narración, que la hay en estos poemas, avanza en escenas que se desbordan en ¿lo onírico? Son escenas saturadas. Se entrelazan respondiendo a una deriva de extrema imaginación. Las recorren un deseo de liberarse, de quitar algo que no necesariamente identificamos, pero que torna ese hábitat tenso. Y en estas geografías está el bosque como espacio donde la materia abunda. Árboles, animales... Y en esa geografía cargada, los versos pulsan por expandirse.

Ese es el escenario que forman estos versos largos que establecen un ritmo que se encuentra a medida que avanza el libro. Hay algo en la respiración que no es ni evidente ni instantáneo; algo que se construye en esta atmósfera cargada de materia. No es la de este libro una escritura del aire, sino más bien del peso y los olores. Materia que se instala, líneas que ocupan la hoja generando tensión: “fue bueno dice, fue verano, las sombras recortadas / las raíces nuevas sobre las piedras, el niño jugando con un palo / en la vereda, tras tus pies descalzos en el agua que era calma, calma y en las piernas de la monja se trepaba una rosa y Vírgula nos mantenía unidos, pero nos han abandonado / y no nos quedamos quietos”.

Y ese es otro rasgo característico de este libro, no quedarse quieto. El desplazamiento es constante, “te escribo porque, igual que a mí, no te gusta el reposo” (Poema 1); hay viajes, “cavamos pozos en los pueblos y nos pasamos días enteros / en la motoneta” (Poema 4) o en otro “avanzo varias millas, allí las catedrales espolvoreadas de escarcha abren cielos de plomo y de cristal” (7). ¿Y ese continuo desplazamiento a qué responde?, ¿acaso a aliviar la tensión de esas escenas cargadas?, ¿una fuga?

Más allá de todas las referencias y los procedimientos, quizás lo más importante en Vírgula sea situar en el centro, en el corazón de estos poemas, la emoción y así lograr ver (como sugiere Alicia Genovese en su nuevo ensayo Abrir el mundo desde el ojo del poema) “de qué modo aquello que constituye su materia se halla permeado y magnetizado desde una subjetividad”. Línea de fuerza invisible que impulsa, sostiene y alimenta el sentido de estos poemas.

18 de octubre, 2023

Virgula.jpg Vírgula
Sasja Janssen
Traducción de Micaela van Muylem
Serapis, 2023
58 págs.


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