Al rechazar la ornamentación y desconfiar de todo aquello que embellece o singulariza en exceso la experiencia, al quitar, en definitiva, lo superfluo, Annie Ernaux dice haber encontrado en la escritura un instrumento capaz de rasgar la opacidad de lo íntimo y mostrar, en un mismo movimiento, que aquello que suele presentarse como vivencia personal –el amor, la vergüenza, el deseo, la enfermedad, el duelo– está mediado por discursos, jerarquías y una trama de normas colectivas que lo preceden y lo moldean, de modo que escribir se vuelve una maniobra de disolución del yo, en la que la primera persona no ofrece un respaldo identitario sino apenas un punto de apoyo, y no necesariamente el más fiable. De estas y otras cuestiones trata La escritura como un cuchillo, el diálogo escrito que la escritora francesa mantuvo con Frédéric-Yves Jeannet.
No deja de ser significativo que una escritora que ha hecho de los pliegues de la memoria su materia de trabajo declare que el pasado no le interesa, ni tampoco las zonas ocultas de su vida. No es la singularidad de su existencia lo que está en juego. Como afirma en una de tantas reflexiones sobre la propia escritura que jalonan sus libros –en este caso El acontecimiento–: “Y quizás el verdadero objetivo de mi vida sea este: que mi cuerpo, mis sensaciones y mis pensamientos se conviertan en escritura, es decir, en algo inteligible y general, y que mi existencia pase a disolverse completamente en la cabeza y en la vida de los otros”.
En esta tónica habla de la escritura “como un don absoluto de sí”, incluso de transustancialización: “la transformación de lo que pertenece a la vivencia, al «yo», en algo que existe completamente fuera de mi persona”. Es lo que en cierta medida la vuelve próxima a Proust, un escritor que a golpe de vista parece tan lejano de sus postulados. También es cierto, los emparenta su método “de «alucinar» las imágenes del recuerdo, es decir, de contemplarlas hasta tener la impresión de que son reales y de que estoy dentro”. Al punto de decir “no veo las palabras, veo las cosas”. De ahí quizá su preferencia por el pretérito perfecto, “el tiempo de la proximidad de las cosas, en el tiempo y en el espacio”, también el del vínculo entre la escritura y la vida.
Lejos de ofrecer un manual de lectura o una indagación abstracta sobre el oficio, La escritura como un cuchillo ilumina retrospectivamente la obra de Ernaux, para quien no existe literatura sin proyecto y escribir supone ir a contrapelo de los valores de la época, incluso de la propia literatura. Una apuesta, como dice en cierto momento, por la “subversión de las visiones dominantes del mundo”. De ahí el recorrido por su infancia en un medio popular, la ruptura social que supuso el acceso a la educación universitaria, la conciencia tardía de la vergüenza de clase. Su condición de tránsfuga –considera– introduce a la literatura algo duro, irreductible, real.
Otro punto destacable es que la mentada escritura plana, despojada –o blanca, al decir de Barthes– no está reñida con una ardua labor de edición. Borrones, enmiendas y tachaduras son el reverso material de esa aparente transparencia y un recordatorio, por si hiciera falta, de que la inmediatez es, en realidad, el efecto de una elaborada distancia. Sus elecciones formales –la sequedad del estilo, la renuncia a la metáfora, la insistencia en lo factual–, entonces, se justifican no por razones estrictamente estéticas sino por una mirada ética respecto de la necesidad de no traicionar aquello que se quiere decir.
Al hablar de sus motivaciones al escribir, desde dónde hacerlo y qué se pone en juego cuando lo vivido se convierte en materia literaria; al hablar del riesgo y la conmoción que conlleva el denodado ejercicio de arrojo de sí, Ernaux compone, en cierta medida a su pesar, un autorretrato intelectual donde la escritura no sirve para reconciliarse con el mundo (ni con uno mismo), sino, en todo caso, para cortarlo en nítidos pedazos.
28 de enero, 2025

La escritura como un cuchillo. Diálogo con Frédéric-Yves Jeannet
Annie Ernaux
Traducción de Lydia Vázquez Jiménez
Cabaret Voltaire, 2025
224 págs.